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Infantería alemana combatiendo en las instalaciones de la fábrica Octubre Rojo.

En Stalingrado, las fuerzas soviéticas estaban rehusándose obstinadamente a ceder las posiciones defendidas en un terreno cada vez más pequeño a las orillas del Volga. Los alemanes enviaron una oleada tras otra de hombres para atacar.

 

Cada uno de los edificios industriales y casas ocupados por los rusos se convertían en pequeñas fortalezas y los soviéticos estaban preparados para vender sus vidas tan caro como fuera posible. Todos los hombres en Stalingrado, alemanes y rusos, anhelaban poder dormir, el cual se había convertido en un lujo. Pero las noches en Stalingrado nunca eran silenciosas y mucho menos confortables y, como todo, era racionado. Una hora o dos de sueño espasmódico era lo más que alguien había tenido durante semanas.

 

Viktor Kartashev describe las condiciones en la fábrica Octubre Rojo, donde la línea del frente de batalla se estaba moviendo metro a metro, de habitación en habitación. Estaban virtualmente cercados, pero continuaron defendiéndose durante el tiempo que tuvieron bastimento... Ver Más