Condiciones famélicas en un campo de trabajo japonés

Las barracas de Changi albergaban, en un espacio reducido, hasta 400 prisioneros en condiciones muy básicas.
El sargento William Leaney había sido capturado en Singapur. Junto con miles de personas, ahora estaba siendo enviado a Tailandia para construir el ferrocarril Birmania-Siam. En diciembre de 1942 se encontraba en el campo de prisioneros de Ban Pong, por donde el Dr. Robert Hardie había pasado de camino al campamento de Kenburi. Lo describió entonces como un “mar de lodo nauseabundo”, pero para Bill Leaney el problema era la comida o la falta de ella:
8 de diciembre de 1942
Vendí mi reloj de oro ayer por la tarde. Creo que mamá y papá lo entenderán. Puedo comprar un reloj nuevo cuando salga de aquí, pero quiero salir de aquí, que es lo que importa, y si seguimos mucho más tiempo con su comida, sin duda, no vamos a salir de aquí. Ayer fue un “Yasumi”, supuestamente para celebrar la declaración de guerra.
Había tenido esta fiebre por garrapatas durante 2 días y no fue malo porque yo estaba sudando durante la fiesta, lo que me permitió recuperarme, pero los nipones pasaron lista a las 10 de la mañana y me temo que, por primera vez en mi carrera militar, me desmayé y tuve que ser cargado. Por supuesto, su comida en los últimos días había sido mala, incluso para este lugar, y supongo que eso también tenía que ver con ello.
Luego, a la hora de cenar, la gente tailandesa que se le permitía venir a vender cosas en el campo trajo frituras, pasteles y caramelo, y nosotros (“Brum”, Benjy, Wilbur y yo) tuvimos que sentarnos y ver a alguna de nuestra gente comiéndolo, para luego ir a cenar y obtener sólo agua con sal y arroz.
Era demasiado, así que después de pasar lista otra vez a las 3, en la que, una vez más, tuve que sentarme a la sombra para evitar “desmayarme”, me fui hasta el río y vendí el reloj por 35 dólares. No entraré en detalles de cómo traté de obtener 40 (los tailandeses que lo compraron incluso lo pusieron en un recipiente con agua cuando les dije que era a prueba de agua), pero los hijos de puta sabían que estábamos desesperados y, por supuesto, estaban haciendo su agosto.
Hoy, ya que teníamos dinero, no hemos podido comprar un carajo, excepto unos cuantos centavos de caramelo, pero por favor Dios, haz que seamos capaces de conseguir algunos huevos o peces luna pronto. Me siento mucho mejor hoy y, con tanta hambre que me gustaría describir adecuadamente la miseria abyecta que sentí al separarme de mi reloj, me senté en el banco del río a regatear con los tailandeses. No dejaba de pensar en casa y podía recordar a mi mamá desenterrándolo del aparador para dármelo. De cualquier forma, consiguieron una ganga, ya que era un reloj muy bueno.
Otro pobre hombre murió anoche —un sargento fue encontrado muerto en su cama esta mañana—. De tan sólo unos 28 años de edad, es el número 15 en este campo —es asombroso cuando uno llega a pensar en ello—.
Nos las arreglamos para comprar algo de comida después de todo ayer y conseguimos algunas frituras y algunos huevos —“muy buenos”, como dijo Wilbur—; era el mejor reloj que había probado…
Este fragmento de los diarios de William Leaney apareció en el libro “The Faraway War: Personal Diaries of the Second World War In Asia And The Pacific” [La guerra lejana: diarios personales de la Segunda Guerra Mundial en Asia y el Pacífico], de Richard Aldrich.
Los documentos recopilados y diarios de William Leaney están en el Museo Imperial de la Guerra.
William Leaney sobreviviría al hambre, a las labores forzadas y a los malos tratos en los campos de trabajo japoneses en Tailandia, pero no volvería a ver Inglaterra. En septiembre de 1944 fue puesto en un barco a Japón con 2,300 prisioneros de guerra, viajando en uno de los “buques del infierno”. Él se encontraba ya sea en el Kachidoki Maru o en el Rakuyo Maru, que fueron hundidos por submarinos estadounidenses el 12 de septiembre de 1944.

El suministro de alimentos y el mantenimiento de la salud eran los problemas más críticos que había que afrontar. Después de la primera quincena del mes, durante la cual se distribuían las raciones del ejército británico, los prisioneros tuvieron que conformarse con las raciones japonesas, que consistían principalmente en arroz, y fue poco a poco cuando los cocineros idearon medios para hacerlas agradables al paladar. Además del arroz, se distribuían un poco de té, azúcar y sal, junto con la ración ocasional de carne o pescado. Los japoneses se negaron a distribuir los paquetes de auxilio de la Cruz Roja, por lo que cualquier complemento de las raciones magras dependía del ingenio de los propios presos.
Hay pocas imágenes disponibles para ilustrar los campos de prisioneros japoneses. Esta imagen es un dibujo de la prisión de Changi en Singapur, de Des Bettany, y se presenta con el amable permiso de Keith Bettany. Bettany no dibujó las verdaderas figuras esqueléticas de los prisioneros porque estaba “dibujando para mantener la moral alta”. Si deseas ver más obras de Des Bettany, visita su exhibición en línea en The Changi POW Art of Des Bettany [El arte de los prisioneros de guerra de Changi de Des Bettany].









