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Miembros del Regimiento Real Canadiense 22e en audiencia con el Papa Pío XII. Imagen de la

Miembros del Royal 22e Régiment canadiense en audiencia con el papa Pío XII. La imagen ilustra el papel diplomático y espiritual del Vaticano durante la guerra, aunque no corresponde directamente a la carta del 19 de mayo de 1943.

Tras la rendición de las fuerzas alemanas e italianas en África del Norte, los Aliados comenzaron a mirar hacia el Mediterráneo central. La isla de Pantelleria, situada entre Túnez y Sicilia, fue sometida a bombardeos cada vez más intensos y se convirtió en el preludio de una ofensiva mayor contra el territorio italiano. Para mayo de 1943, parecía cada vez más probable que el siguiente paso aliado fuera Sicilia y, después, la propia península italiana.

 

Esa perspectiva inquietaba profundamente al Vaticano. Roma no era sólo la capital del Estado italiano y un centro político del régimen fascista; era también la sede histórica del papado y un conjunto excepcional de iglesias, basílicas, archivos, palacios, obras de arte y monumentos considerados patrimonio de la civilización cristiana y universal. A medida que la guerra aérea se acercaba a Italia, aumentaba el temor de que la ciudad quedara expuesta a bombardeos.

El 19 de mayo de 1943, antes del primer gran bombardeo aliado sobre Roma, el papa Pío XII escribió al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt. Su petición no era una defensa militar de Italia ni del régimen de Mussolini, sino una apelación humanitaria y cultural: pedía que, en la medida de lo posible, el pueblo italiano fuera protegido de nuevos sufrimientos y que los santuarios religiosos y artísticos de Roma se salvaran de una ruina irreparable. La carta oficial, preservada por la Santa Sede, decía... Ver Más

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