El vapor Yoma torpedeado por el U-81

El vapor Yoma, construido en 1928 por Wm Denny & Bros. en Dumbarton para la línea Henderson de Glasgow. La imagen muestra al buque antes de su pérdida en el Mediterráneo; no corresponde al momento del hundimiento. El 17 de junio de 1943 fue torpedeado por el U-81 mientras navegaba en el convoy GTX-2, al noroeste de Derna. (Foto cortesía de Allen Collection / uboat.net, según la atribución de la fuente).
El 17 de junio de 1943, mientras los Aliados convertían la victoria en el norte de África en preparación logística para la invasión de Sicilia, el Mediterráneo seguía siendo un espacio peligroso. Las rutas entre los puertos del norte de África y Egipto no eran simples líneas de transporte: por ellas se movían tropas, ingenieros, equipos portuarios y hombres que, después de meses de campaña, creían haber dejado atrás una etapa de la guerra para entrar en otra.
El vapor Yoma, antiguo buque de pasajeros de la línea Henderson convertido en transporte de tropas, navegaba en el convoy GTX-2 rumbo a Alejandría y Port Said. A bordo viajaban, entre otros, hombres de los Royal Engineers que debían prepararse para las operaciones portuarias vinculadas a la próxima ofensiva aliada en el Mediterráneo. A las 07:33 de la mañana, al noroeste de Derna, el U-81, al mando del Oberleutnant zur See Johann-Otto Krieg, alcanzó al buque. Algunas fuentes hablan de dos torpedos; otras precisan que fue alcanzado por uno de ellos. Lo cierto es que el Yoma quedó condenado con una rapidez brutal.
Para cientos de familias, la tragedia no llegó primero como historia naval, sino como silencio. Herbert “Bert” Cullum, zapador de la 1010 Dock Operating Company de los Royal Engineers, fue uno de los hombres que desaparecieron con el buque. Su familia tuvo que reconstruir lo ocurrido a partir de cartas, informes y fragmentos de memoria conservados durante años.
En agosto de 1943, la familia recibió una de las primeras noticias concretas. Venía de George Monk, amigo de Bert y superviviente del hundimiento, quien había estado cerca de él en el momento del impacto:
Bert estaba al alcance de mis manos cuando ocurrió. A todos nos arrojó de los asientos y nos lanzó al suelo. Después me las arreglé para recuperar el equilibrio, lo cual era muy difícil. Busqué a Bert. No estaba a la vista…
Después de muchas dificultades y con suerte, me encontré en el agua y, durante la hora y tres cuartos que estuve a la deriva, mis ojos buscaban constantemente a Bert, pero no pude verlo.
Esa fue la información más definitiva que la familia pudo obtener durante mucho tiempo. La madre de Bert siguió esperando, aferrada a la posibilidad de que su hijo hubiera sobrevivido de alguna manera, recordando que era un buen nadador. Incluso después de recibir la confirmación oficial de que se le presumía muerto, en febrero de 1944, la ausencia de un cuerpo, de una última escena clara, dejó abierta una herida que no podía cerrarse del todo.
Solo años después, al ver el nombre de su hijo inscrito en el Memorial de Brookwood, empezó a aceptar la pérdida. Esa experiencia no fue excepcional. Para muchas familias del Yoma, la guerra no terminó con una noticia precisa, sino con una fórmula administrativa: “desaparecido, presumiblemente muerto”.
Mucho más tarde, la familia encontró también el informe del primer oficial A. Olding, dado a conocer entre los documentos oficiales en 1976. Su relato no abordaba la tragedia desde la espera familiar, sino desde la cubierta del buque, en los minutos en que el Yoma comenzó a hundirse:
Aunque la explosión fue fuerte, no fue tan fuerte como esperaba. El buque fue “levantado” por la explosión y empezó a asentarse rápidamente de popa. Yo estaba en el cuarto de radio en aquel momento. Salí al puente, pero no pude ver nada debido al vapor que envolvía el buque…
…
Las escotillas números 3 y 4 salieron volando, y nubes de polvo de carbón fueron lanzadas al aire, cubriéndolo todo, incluido yo mismo. Oí la orden del maestre de “abandonar el barco” y me apresuré a subir a mis botes salvavidas…
…
… para entonces el Yoma estaba muy hundido de popa, y lo siguiente que supe fue que se hundió bajo mis pies y me encontré en el agua…
Mientras la proa se levantaba, vi a muchos hombres en el castillo de proa: no se arrojaban al agua…
Mientras la proa seguía levantándose, varios perdieron el equilibrio y cayeron sobre el puente; muchos otros fueron arrastrados bajo el buque.
Si deseas saber más, visita BBC People’s War, sección “Herbie ‘Bert’ Cullum: One of the hundreds believed drowned with the loss of the SS Yoma”. Para más información sobre la familia de Bert Cullum, visita también BBC People’s War, sección “Herbert Cullum — known as Bert”.
La pérdida del Yoma no alteró por sí sola el curso de la guerra en el Mediterráneo. Los convoyes siguieron avanzando, los preparativos para Sicilia continuaron y la maquinaria aliada no podía detenerse por un buque hundido. Pero para quienes esperaban noticias en Ferryhill, en Bougie o en cualquier otro lugar donde quedara una fotografía sobre una repisa, la guerra se redujo a una palabra administrativa: desaparecido.
Esa fue una de las formas más crueles de la guerra naval. No siempre dejaba un campo de batalla, una tumba o un último lugar reconocible. A veces dejaba agua, petróleo, madera rota, nombres en un memorial y cartas guardadas durante años, como si en ellas todavía pudiera encontrarse una explicación que el mar no quiso devolver.

Herbert “Bert” Cullum, zapador de la 1010 Dock Operating Company, Royal Engineers. Fue uno de los hombres dados por desaparecidos tras el hundimiento del Yoma; su familia conservó cartas y testimonios que permitieron reconstruir parcialmente sus últimos días. (Foto cortesía de BBC People’s War / Margaret Cowell).

El Oberleutnant zur See Johann-Otto Krieg, comandante del U-81 durante el ataque contra el Yoma. Conviene presentarlo como el comandante del submarino que torpedeó el buque, sin añadir una formulación editorial más amplia de responsabilidad personal.

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