El Eje recupera la iniciativa en Cirenaica

Erwin Rommel junto a oficiales de la división italiana Pavia en El Agheila, 12 de enero de 1942, nueve días antes del contraataque que devolvió la iniciativa a las fuerzas del Eje en Cirenaica. (Foto: Bundesarchiv / Wikimedia Commons / Ernst A. Zwilling / Bild 183-1982-0927-503 / CC BY-SA 3.0 DE).
Durante las semanas anteriores, la Operación Crusader había obligado a las fuerzas germano-italianas a retroceder a través de buena parte de Cirenaica. El cerco de Tobruk había terminado, Bengasi había vuelto a manos británicas y el Afrika Korps se había replegado hasta las posiciones de El Agheila, cerca del límite con Tripolitania. El 8.º Ejército había avanzado un largo trecho hacia el oeste, pero no había destruido el núcleo móvil de las fuerzas de Rommel.
En El Agheila, además, el equilibrio comenzó a cambiar. El 5 de enero llegó a Trípoli un convoy que transportaba, en conjunto, 55 tanques y vehículos blindados, además de cañones antitanque y otros suministros. Para el 20 de enero, el Afrika Korps disponía de 111 tanques operativos en el frente y otros 28 en la retaguardia, mientras el XX Cuerpo Motorizado italiano contaba con 89 vehículos blindados. No era una fuerza abrumadora, pero sí suficiente para dar a Rommel una superioridad local que podía ser pasajera.
El propio mando alemán calculaba que aquella ventaja podía desaparecer. Un parte del 18 de enero estimaba que las fuerzas británicas situadas frente a El Agheila eran inferiores a las propias y advertía que podían recibir refuerzos importantes en un plazo de ocho a catorce días. Del lado británico, en cambio, se esperaba disponer de más tiempo: las dificultades de abastecimiento del Eje parecían limitar la capacidad de Rommel para emprender de inmediato una nueva ofensiva, mientras el 8.º Ejército reunía fuerzas para continuar su avance.
Rommel decidió aprovechar aquel intervalo. Según su propio relato posterior, mantuvo el plan en secreto tanto ante el alto mando alemán como ante el italiano y preparó un ataque concéntrico para la mañana del 21 de enero. El Afrika Korps avanzaría por la derecha, mientras fuerzas alemanas e italianas lo harían por la izquierda.
Antes de que las columnas se pusieran en marcha, una orden del día firmada por Rommel fue distribuida entre las tropas. Fechado aquel mismo 21 de enero, el documento presentaba la ofensiva con una seguridad que no dejaba espacio para la duda:
Cuartel general, 21 de enero de 1942
El comandante de la Panzergruppe Afrika
Orden del día del Ejército
¡Soldados alemanes e italianos!
Habéis dejado atrás duros combates contra un enemigo muy superior. Pero vuestro espíritu de combate permanece intacto. En este momento somos numéricamente superiores al enemigo que tenemos frente a nosotros. Por ello, el ejército pasa hoy al ataque para destruir a ese enemigo.
Espero que cada soldado lo dé todo en estos días decisivos.
¡Viva Italia! ¡Viva el Gran Reich Alemán! ¡Vivan nuestros líderes!
El comandante
[firmado] Rommel
General de tropas blindadas
Si deseas saber más, lee Panzers in the Sand: The History of Panzer-Regiment 5, 1942–1945 (Volume Two) [Tanques en la arena: la historia del Regimiento Blindado 5, 1942–1945 (Volumen Dos)], de Bernd Hartmann. La obra reproduce el facsímil alemán de la orden del 21 de enero de 1942.
La seguridad de la proclama tenía un reverso más cauteloso. Ante sus soldados, Rommel afirmaba que sus fuerzas disponían de superioridad numérica y anunciaba la destrucción del enemigo situado frente a ellas. En privado, la decisión se presentaba de otra manera. A las 07:00 de aquella misma mañana escribió a su esposa que, después de sopesar cuidadosamente las ventajas y los inconvenientes, había decidido correr el riesgo. Noventa minutos después comenzaría el ataque.
Desde dentro del Afrika Korps, el teniente Heinz Werner Schmidt recordó más tarde cómo se había vivido aquella preparación y qué información creían tener los alemanes cuando llegó el momento de avanzar:
Rommel no mostraba señales de haberse visto afectado por nuestra precipitada retirada. Su optimismo, que era contagioso y que para entonces iba camino de hacerse legendario, se vio reforzado por la llegada de nuevo material desde Trípoli.
Nuestro servicio de inteligencia supo que el experimentado 7.º Grupo de Apoyo de Auchinleck, que tan bien había combatido en “Crusader”, iba a ser relevado por un nuevo grupo de apoyo, el 1.º, que carecía de experiencia en la guerra del desierto. Esto reforzó la determinación de Rommel de lanzar un contraataque lo antes posible. Nos preparamos. Y el 21 de enero Rommel dio la orden: “¡Adelante!”
Al parecer, los británicos pensaban que solo efectuábamos un reconocimiento en fuerza, pues sus comunicados oficiales describieron nuestro avance en esos términos. Pero nuestro reconocimiento aéreo había descubierto una concentración de tanques británicos en la zona de Msus; supusimos que estaban siendo revisados y reparados. Íbamos a atacarlos.
Si deseas saber más, lee With Rommel in the Desert [Con Rommel en el desierto], de Heinz Werner Schmidt.
La apreciación británica permite medir la sorpresa de aquella mañana. En el despacho que redactó posteriormente sobre las operaciones en Oriente Medio, Claude Auchinleck reconoció que no se había considerado probable que Rommel recibiera pronto nuevas formaciones alemanas. Las dificultades de abastecimiento del Eje parecían lo bastante graves como para esperar que sus fuerzas permanecieran en la línea de El Agheila y Marada mientras los británicos se preparaban para continuar su avance.
El 21 de enero, esa previsión dejó de servir. El contraataque no borraba lo conseguido por Crusader ni decidía por sí solo la campaña, pero revelaba que la ventaja británica en Cirenaica era menos estable de lo que se había calculado. El adversario que pocas semanas antes había retrocedido hasta El Agheila había encontrado una breve oportunidad para actuar antes de que el 8.º Ejército estuviera preparado para impedírselo.
La sorpresa británica fue también la medida de aquel cambio. Durante semanas, el movimiento había sido hacia el oeste y el 8.º Ejército había marcado el ritmo de la campaña. En la mañana del 21 de enero fueron las fuerzas del Eje las que escogieron el momento y la dirección del siguiente combate. Sin haber recuperado todavía el terreno perdido, habían recuperado algo más inmediato: la iniciativa.
Aquel cambio no necesitaba medirse todavía en kilómetros reconquistados. Bastaba con observar quién había obligado al otro a reaccionar. En el desierto, unas horas bastaban para convertir una pausa esperada en una nueva batalla.

Tanque británico Matilda en el Desierto Occidental, recapturado a las fuerzas alemanas después de que estas lo hubieran empleado contra los británicos en Bardia, 3 de enero de 1942. (Foto: Imperial War Museums / War Office Second World War Official Collection / Geoffrey Keating / E 7482 / dominio público).

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