Un largo período de inactividad de bombardeos alemanes sobre Inglaterra había comenzado desde mediados de 1941, con excepción de algunos incidentes esporádicos y aislados de bombarderos solitarios que se aventuraban a realizar ataques fugaces.

 

Con el inicio de los ataques Baedeker, denominados así por la famosa guía turística, se inició una serie de ataques sucesivos sobre ciudades históricas británicas. Exeter y Bath ya habían sufrido los primeros embates de dichos ataques y el 27 de abril de 1942, la antigua ciudad de Norwich se convirtió en la siguiente víctima de estos bombardeos de represalia, que no tenían ningún objetivo estratégico o táctico más que el de cobrar venganza por el bombardeo de la ciudad medieval alemana en Lübeck:

La siguiente víctima de los ataques Baedeker es Norwich

Daño cerca del pub “The Black Eagle” [El Águila Negra], en la calle Rupert por Swain, en abril de 1942.

27 de abril de 1942 (de noche)

 

Se hicieron daños considerables y generalizados en varios distritos, principalmente en las zonas de la clase trabajadora y residenciales, durante un bombardeo que se prolongó por más de una hora y que comenzó con el lanzamiento de varias bengalas sobre la ciudad. El fuego antiaéreo no fue particularmente intenso, pero esto se debió aparentemente a la presión los cazas nocturnos de la Real Fuerza Aérea, cuyas ametralladoras fueron escuchadas.

 

También se observaron balas trazadoras. Varios centenares de pequeñas casas, nuevas y viejas, fueron más o menos dañadas gravemente, pero a medida que los bombarderos se concentraron más en las zonas residenciales en lugar de la propia ciudad, la mayoría de los famosos edificios antiguos de Norwich se escapó de sufrir daños serios.

 

Desafortunadamente, por la misma razón (y también sin duda por el largo período precedente de inactividad) las víctimas fueron numerosas, 162 muertos (incluyendo vigilantes de incendios, los hombres de las ambulancias y la Guardia Nacional), con más de 400 personas heridas.

Si deseas saber más, visita la cronología ilustrada de los ataques aéreos sobre Norwich en la Segunda Guerra Mundial, de George Plunkett.

 

John Alpe, tan sólo un niño en aquel tiempo, resultó afectado por el ataque en la zona residencial de Norwich:

Un refugio Anderson permanece intacto en medio de una escena de escombros en Norwich. Una demostración de la eficacia del refugio Anderson que las personas construían en sus jardines, un refugio subterráneo cubierto con una lámina de metal corrugado que a su vez era cubierto con tierra. La gente era capaz de sobrevivir a casi cualquier cosa en ellos, excepto un blanco directo, si estaban construidos adecuadamente. Siendo fríos y húmedos no eran utilizados a menos que hubiera una alarma -y el bombardeo de Norwich no tuvo una alerta previa-.

Para mí, todo empezó alrededor de las 11:30 p.m., cuando me despertó la voz de mi padre, un veterano de la Primera Guerra Mundial, gritando en voz alta, “¡bombas, bombas!” La familia en ese instante estaba en sus camas, probablemente durmiendo, es decir, mamá y papá, dos hermanas mayores y yo.

 

Yo era el más joven y mi querida madre debió agarrarme de la cama y rápidamente descendió por las escaleras, entró en la sala de estar, después se lanzó conmigo en un vuelo restringido debajo de nuestra mesa del comedor. Todos llegamos justo a tiempo. La primera ola de aviones de la Luftwaffe estaba dejando caer sus bombas de altos explosivos, ablandando la ciudad para llevar a cabo el ataque incendiario posterior con su fuego devastador y feroz. Mamá me dijo más tarde que cuando se lanzó conmigo debajo de la mesa, mi cabeza golpeó contra la cubierta, justo por arriba de mi ojo derecho.

 

A pesar de esto, sólo recuerdo el holocausto en nuestra sala -lo puedo ver ahora en cámara lenta al igual que lo hice entonces-. Debido a las explosiones de las bombas, cenizas al rojo vivo fueron absorbidas por los rescoldos del fuego de la chimenea de la sala. Recuerdo la sensación de chamuscarme en mis piernas descubiertas. El cristal de las ventanas francesas rápidamente se cuarteó delante de mis ojos, comenzando con pequeños círculos en el centro y luego hacia afuera. Sin embargo, los paneles aún intactos se inclinaron hacia nosotros en la habitación pero, sorprendentemente para mí, de repente cambiaron su dirección.

 

A continuación, en medio de un torbellino de ruido, puertas y todo lo que razonablemente se podía mover, fueron arrancados por una fuerza invisible que se fue volando hacia el jardín. Los pedazos de techo caían y ahora, muy probablemente, el golpe en mi cabeza estaba haciendo efecto. Quizá haya corrido instintivamente al lado de mi madre al refugio subterráneo en nuestro jardín, pero lo siguiente que vi fue a la familia acurrucada en nuestro pequeño y húmedo calabozo bajo tierra. Todos estaban a salvo y con vida -mi madre abiertamente dio gracias a Dios por nuestra protección-.

Si deseas saber más, visita BBC People’s War.

Una de las imágenes del “Blitz Ghosts” de Nick J. Stone. En esta se observa Alexandra Road. La fotografía está dedicada a Julia Agnes Neve, de 85 años; ella vivía en el 29 de Alexandra Road. También lo está para Ernest Burton, su esposa, Clara, y sus hijos Sybil, de 13 años, y John, de 19, que vivían más abajo, en el número 46. El miércoles 29 de abril de 1942, todos ellos murieron en esta calle durante uno de los bombardeos de los “ataques Baedeker”.

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