Bombarderos alemanes Heinkel He 177A-5 del I./KG 50 en el aeropuerto de Kiev. Estos bombarderos se utilizaron para abastecer a las fuerzas alemanas sitiadas en Stalingrado.
El pesimismo que principiaba a reinar entre los soldados alemanes en Stalingrado, cuando se dieron cuenta que no habría forma alguna de escapar, hizo eco en el cuartel general de Hitler. Incluso el jefe del Estado Mayor, Kurt Zeitzler, empezó a comer la “misma” ración que el soldado promedio dentro del “Kessel” (caldero). Ahora los elementos del 6º Ejército sobrevivían con dos rebanadas delgadas de pan y un poco de carne en conserva y, si tenían suerte, sopa aguada. Zeitzler no tuvo que recurrir a la carne de caballo parcialmente descompuesta, desenterrada bajo la nieve, como algunos hombres la consumían mientras el hambre crecía con fuerza.
Los informes fueron filtrando la incompetencia en la entrega de suministros a la ciudad sitiada; al parecer, dos aviones habían llegado con cuatro toneladas de especias —tal vez alguien pensó que podría acompañar la carne de caballo—. El vuelo de ida y regreso se estaba volviendo cada vez más peligroso, ya que el clima empeoró y las fuerzas soviéticas concentraron sus esfuerzos en aislar a Stalingrado tan completamente como les fuera posible. Los sacrificios de la Luftwaffe seguían sin aportar nada de lo que realmente se requería.
Gerhard Engel, el adjunto del Ejército de Hitler, estaba silenciosamente observando desde muy afuera del campo de batalla… Ver Más










