La Luftwaffe, utilizando Stukas y los habituales Junkers Ju88, daba señales ominosas de sus intenciones de sublimar la base naval británica en Malta con bombardeos continuos; los ataques tenían como objetivo los puertos y barcos mercantes; sin embargo, la población civil también era víctima de las incursiones.

 

Para las fuerzas del Eje era imperativo prevenir el reabastecimiento de las unidades británicas en el norte de África y tanto las fuerzas aéreas como las navales tenían como misión interceptar cualquier convoy o navío que pudiera proporcionar ayuda a los aliados desde la zona mediterránea.

 

El 23 de marzo, el navío HMS Penélope había retornado a Malta para brindar protección al puerto, pero un fuerte bombardeo el 26 de marzo había logrado dañarlo lo suficiente como para ponerlo fuera de navegación por algunas semanas, obligándolo a atracar en el puerto de Grand Harbour.

 

El Viernes Santo de 1942 acaeció el 3 de abril y la tripulación del HMS Penélope describe la tensión que se vivía en Malta durante los bombardeos:

Fuertes bombardeos de la Luftwaffe sobre Malta

Los bombardeos de la Luftwaffe y la Regia Aeronautica sobre Malta eran incesantes. En la imagen, el HMS Talabot en llamas, en la tarde del 26 de marzo de 1942.

Ahora era muy claro que la Luftwaffe estaba decidida a destruir los barcos en el puerto y era obvio que debíamos dejar Malta si queríamos sobrevivir. Desdichadamente, parecía ahora que habíamos perdido nuestra oportunidad; aunque habíamos salido librados comparativamente con daños menores, no había duda que no podríamos zarpar hasta que el daño en el casco fuera reparado. Así, mientras que cualquier barco que estaba sano en el puerto corría a casa (incluyendo el malogrado Havock, que no llegó más lejos de Trípoli), Penélope, que había permanecido ilesa por tanto tiempo, atracó. Particularmente no teníamos temor de los ataques en altamar, donde el barco podía maniobrarse para evadir las bombas y nos habíamos acostumbrado a los ataques mientras estuvimos a lo largo del embarcadero, donde una bomba cercana provocaba una gran columna de agua y nada más; pero nos sentíamos desnudos y expuestos en el muelle, en donde una bomba cercana nos cubriría con rocas diversas y escombros y teníamos la desagradable sensación que éramos la diana en el blanco.

 

El astillero pronto comenzó a trabajar, pero nos vino como un gran golpe al momento en que nos dijeron podría llevarse un mes, ‘siempre que los ataques no empeoren’. Los ataques daban toda indicación que iban a empeorar y el ritmo de labores era extremadamente lento. Aunque los trabajadores del astillero no buscaban refugio hasta unos minutos antes que los atacantes arribaran sobre el puerto, siempre tomaba algún tiempo para continuar con las labores después de que el ataque había finalizado. Los ataques eran ahora tan frecuentes que habitualmente sucedía que, al momento en que los hombres habían regresado de los refugios y habían bajado al fondo del muelle, la sirena de tifón sonaba para el siguiente.

 

Después de observar el progreso del trabajo por unos cuantos días, podíamos ver que el cálculo de cuatro semanas era probablemente uno preciso. Y cuando, de todos los días el Viernes Santo, la Luftwaffe decidió intensificar y martillar Grand Harbour todo el día y nosotros como el blanco principal, parecía claro que sólo era cuestión de días antes de que ellos dieran un blanco directo que prevendría del todo que pudiéramos irnos.

Si deseas saber más, lee “Our Penelope” [Nuestra Penélope], de la compañía del HMS Penélope.

Un bombardero italiano S.M.79 volando sobre La Valletta, en Malta, 1942.

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