El Casabianca bajo fuego en Gradella

El submarino francés Casabianca durante la guerra. Después de escapar de Tolón en noviembre de 1942, el buque sirvió como enlace clandestino entre Argel y la resistencia corsa, transportando agentes, radios, armas y municiones.
A fines de julio de 1943, la guerra en el Mediterráneo no se medía solo en Sicilia. Mientras los ejércitos aliados avanzaban por la isla y la caída de Mussolini abría una grieta política en el Eje, otras operaciones seguían desarrollándose en silencio, lejos de los comunicados oficiales y de las grandes columnas de tropas.
Córcega era una de esas piezas discretas y peligrosas. Ocupada por fuerzas italianas y vigilada por el Eje, la isla tenía un valor que excedía su tamaño: podía alimentar la resistencia interior, incomodar las comunicaciones enemigas y, llegado el momento, servir como plataforma para operaciones futuras en el Mediterráneo occidental.
Para que esa posibilidad dejara de ser una esperanza y se convirtiera en una fuerza real, hacía falta algo más concreto que proclamas: armas, municiones, radios, agentes, enlaces. Ese trabajo no podía hacerse a plena luz ni con barcos visibles. Lo hicieron de noche, desde submarinos, acercándose a calas apartadas y playas difíciles, donde la costa podía parecer vacía hasta el instante en que comenzaban los disparos.
El Casabianca ya tenía una leyenda propia. Había escapado de Tolón cuando la flota francesa fue hundida para impedir que cayera en manos alemanas, y desde Argel se había convertido en una línea clandestina entre el mando aliado y la resistencia corsa. El 30 de julio, esa línea volvió a tocar la costa.
L’Herminier dejó un relato de tono naval, casi seco: horas, profundidades, distancias, maniobras, decisiones tomadas bajo presión. Su fuerza radica precisamente en esa sobriedad. No dramatiza la misión; la registra. Y en ese registro se percibe cómo una operación de suministro podía convertirse, en segundos, en una retirada bajo fuego:
En ruta hacia el punto de desembarco. El Casabianca, que había zarpado de Argel a las 1900 horas del 27 de julio de 1943, llegó a la posición tras una travesía normal y se sumergió a las 0430 horas del 30 de julio, a diez millas del cabo Rosso y de la isla de Gargalo.
Después de efectuar una comprobación, puse rumbo al punto “A” en la playa de Gradelle. A las 1452 horas, sobre un fondo de 31 metros y a unos 500 metros de la playa, el submarino quedó con la proa apuntando al norte.
Realicé mi último reconocimiento con el periscopio una hora y media antes de posarnos en el fondo y, después, continué por estima y mediante el sonar, con el fin de evitar el riesgo de ser avistados desde la costa.
Puesto a prueba por un ataque enemigo real
Bajamos dos dories para efectuar un reconocimiento preliminar de la playa y remolcar los botes de goma, así como catorce botes de goma destinados al transporte del material.
A las 2250 horas salí a la superficie. La vista era alucinante. La costa se alzaba ante nosotros a 500 yardas. El golfo de Porto se extendía por estribor y la orilla sur se acercaba por la popa. Las playas A y B destacaban por su color blanco. Avanzamos muy despacio, abriéndonos paso entre las rocas que se extendían a babor y estribor. En absoluto silencio, el comando bajó los dos dories y comenzó a inflar el primer bote de goma.
A las 2300 horas, el enemigo abrió fuego contra nosotros. Los disparos parecían provenir de todas partes. Las armas automáticas comenzaron a disparar. Algunas ráfagas silbaban por encima de nosotros; otras impactaban muy cerca. Todos bajaron al interior con la mayor calma. Mientras tanto, puse ambos motores a toda máquina atrás. Milagrosamente, nadie resultó herido. Pero los dos dories quedaron arrastrando de sus pescantes, que no habían sido largados. Los botes de goma seguían en sus cajas, así que esperábamos hasta salir de la bahía para asegurarlos.
Travesía del golfo de Porto
Mientras aumentábamos la distancia respecto de la costa, el enemigo continuó disparando. Sin duda, todos los emplazamientos de la zona habían sido puestos en alerta por el estruendo. Decidí abandonar aquella área y probar de nuevo suerte en el punto de Curza la noche siguiente. Tenía intención de utilizar los mismos escondites de la vez anterior, ya conocidos por los patriotas, y el reconocimiento diría si habían sido descubiertos por el enemigo.
A medianoche del día 30, tomamos rumbo hacia la bahía de Curza a 16 nudos.
Desembarco en la bahía de Curza
Después de nuestra aproximación habitual, a las 1522 horas del 31 de julio estábamos asentados en el fondo, a una milla del punto de desembarco.
Salimos a la superficie a las 2255 horas del 31 de julio. El comando preparó su equipo de desembarco mientras yo ponía rumbo hacia el extremo occidental de la playa de Saleccia, para acercarnos lo más posible a la costa. La experiencia de la noche anterior nos había vuelto muy cautelosos. El primer teniente me pidió autorización para asumir el mando del comando. Accedí de buen grado.
Fondeamos a unos 400 metros del extremo occidental rocoso de la playa, donde esperábamos ocultar parte del material en el mismo lugar donde lo habíamos hecho a principios de julio.
El comando se alejó del submarino bajo el mando del primer teniente. Estaba compuesto por dos grupos: el del primer teniente y el de los ingleses, enviados para observar el desembarco por cuenta de su propia organización en Argel. El primer teniente llevaba un equipo radiotelefónico de corto alcance y, tras un breve reconocimiento, nos informó que todo estaba despejado. Entonces comenzamos a desembarcar los botes de goma.
Si deseas saber más, busca el Reporte de Patrullaje original en The National Archives.
Tras el relato de L’Herminier, puede añadirse una segunda voz breve. No procede de un reporte operativo inmediato, sino de la memoria posterior de Charles Bernard, primer maître mécanicien del Casabianca. Su recuerdo completa la experiencia de la tripulación, con una frase final que resume el desgaste humano de la operación:
El 27 de julio zarpamos a las 22:00 rumbo a Córcega. El 30 de julio estamos en el fondo del golfo de Porto; son las 23:00. El comando abandona el bordo, pero un disparo de ametralladora contra el Casabianca lo detiene. El comando regresa a bordo abandonando el dory. Partimos marcha atrás para zafarnos y ganar mar abierto; ponemos rumbo a la punta Curza. El 31 de julio, a las 22:00, desembarcamos y camuflamos 12 toneladas de armas y municiones en el maquis.
Amanece; son las cinco y la tripulación sigue en tierra. Esa noche, a las 22:00, desembarcamos 8 toneladas: 20 toneladas en dos noches. La misión fue muy dura para la tripulación. Enfermos y cansados, llegamos a Argel el 3 de agosto. Misión cumplida.
Si deseas saber más, visita La base des Sous-Mariniers des Hauts-de-France, sección “L’Odyssée du Sous-Marin CASABIANCA pendant la guerre 1939-1945 par Charles Bernard”.
Para más información general sobre la trayectoria del submarino Casabianca, visita Lean Submariner.
El 30 de julio no terminó con una descarga completa en Gradella. Terminó con una retirada, con un dory abandonado, con el submarino dando marcha atrás para salvarse de la costa y con la necesidad de buscar otro punto. Pero la misión no quedó anulada. En Saleccia, durante las noches siguientes, lo que no pudo dejarse bajo el fuego de Porto fue pasando de nuevo a tierra.
El Casabianca no había ganado una batalla visible ni tomado un puerto. Había mantenido abierta una arteria entre Argel y el maquis corso. En esa guerra subterránea del Mediterráneo, no todo avance se medía por ciudades conquistadas. A veces se medía por toneladas escondidas entre la maleza, por hombres que cargaban cajas en silencio y por una tripulación que volvía a puerto enferma, cansada, pero con la misión cumplida.

El Casabianca en puerto, con tripulantes sobre cubierta y la bandera francesa visible en popa. Su papel en las misiones hacia Córcega convirtió al submarino en uno de los símbolos navales de la Francia combatiente en el Mediterráneo.

Jean L’Herminier, comandante del Casabianca. Bajo su mando, el submarino escapó de Tolón en noviembre de 1942 y participó en misiones clandestinas de suministro, enlace y desembarco en apoyo de la resistencia corsa.

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