La armada de invasión avanza hacia Sicilia

Un soldado británico lee sobre Sicilia, el objetivo de la próxima invasión aliada, en julio de 1943.
Una de las mayores fuerzas anfibias reunidas hasta entonces ya avanzaba por el Mediterráneo. Desde los puertos del norte de África, desde Malta y desde convoyes que venían de más lejos, miles de hombres, vehículos, cañones, lanchas, transportes y buques de escolta se movían hacia una isla cuyo nombre todavía no todos conocían con certeza.
Sicilia era el siguiente paso lógico tras la victoria aliada en Túnez, pero en los días previos al desembarco todavía no era una batalla visible. Era una operación contenida en mapas, órdenes, instrucciones parciales, señales navales, listas de carga y rutas protegidas. La invasión aún no había llegado a las playas; por ahora, era una inmensa maquinaria en movimiento.
Para muchos de los hombres embarcados, el peligro no estaba aún en la costa siciliana, sino en el mar. Los convoyes debían cruzar aguas en las que los submarinos alemanes seguían siendo una amenaza real. El secreto, la espera y la monotonía podían romperse en cualquier momento con una explosión a babor o a estribor.
En África del Norte, el teniente Derek Whitehorn sirvió como maestre de playa dentro de las fuerzas de comandos navales. Su recuerdo conserva el momento anterior al combate: las instrucciones, el peso de la tarea y la conciencia de que, cuando llegara la hora, el trabajo de los comandos navales sería decisivo para sostener el desembarco desde la orilla:
Haciendo sus rondas en un jeep, el general Montgomery se detuvo y me preguntó:
—¿Quiénes son los marineros y de dónde vienen?
Hizo algunas observaciones directamente a nosotros, destacando nuestra importancia y que no debíamos defraudar a la gente en casa.
Más tarde me ordenaron asistir a un discurso de Monty de treinta minutos para todos los oficiales implicados en la fase inicial del próximo asalto. Esto fue muy inspirador y, por primera vez, me dio gran confianza en lo que estábamos a punto de emprender.
Si deseas saber más, busca el título Beachhead Assault: The Story of the Royal Navy Commandos of World War II [Asalto en Cabeza de Playa: la historia de los comandos de la Armada Real de la Segunda Guerra Mundial], de David Lee.
Desde los convoyes que cruzaban hacia el Mediterráneo, la espera tenía otra forma. Stewart Linsell, oficial de Operaciones Combinadas, viajaba a bordo del Royal Fleet Auxiliary Derwentdale, un petrolero adaptado para transportar lanchas de desembarco. Su relato conserva la sensación de aquellos días: una travesía larga, casi inmóvil en apariencia, hasta que el mar empezó a revelar que la invasión no comenzaría únicamente en las playas:
El 3 de julio, después de diez días aburridos, pasamos por el estrecho de Gibraltar. Entramos al Mediterráneo, pero ¿hacia dónde? Increíblemente, durante aquellos diez días de absoluto aburrimiento, el Atlántico había estado tan tranquilo como un estanque y, para pasar el tiempo, los oficiales canadienses se unían a nosotros en varios juegos de cartas, ejercicios y carreras por la larga cubierta. Ahora, todos los días, nos visitaban aviones Sunderland, Catalina y Liberator.
Al día siguiente, un gran mercante, el “Pride of Venice”, muy lejos por nuestro costado de estribor, fue torpedeado y se hundió. Una hora más tarde, el “St. Esytt”, a nuestro costado de babor, fue torpedeado y se hundió. Todos tuvimos la horrible sensación de que el U-Boot en realidad buscaba nuestro petrolero. ¿O había más de uno?
Aquella noche, después de dos semanas en el mar, nos dijeron que nuestro destino era Sicilia y que nuestra playa de desembarco se encontraba en la esquina sudoriental, cerca de Pachino. Poco después de escuchar esto, se produjo una explosión tremenda cerca y, al correr a cubierta, vimos que el “Dervis”, el buque del comodoro, justo por delante de nosotros, había sido torpedeado. Cuatro destructores más se habían unido a los cuatro que ya teníamos el día anterior, junto con el viejo monitor “Roberts”, con sus dos enormes cañones de 16 pulgadas. Después de catorce minutos, el “Dervis” se hundió.
Más tarde supimos que de los tres enormes convoyes que se dirigían a Sicilia, el nuestro fue el único que sufrió pérdidas. El Día D era el 10 de julio y, el día anterior, habíamos contado con escoltas adicionales de destructores, dos cruceros y varios cazas sobre nosotros. Esa última tarde en el “Derwentdale”, su tripulación, nuestra flotilla y decenas de canadienses se unieron en una enorme cantata. Roy, nuestro capitán, que tenía buena voz, fue convencido de cantar el inmortal “Fair Rowena”.
Si deseas saber más, visita BBC People’s War [La guerra del pueblo de la BBC], sección “The Sicily Landings”.
En el relato de Linsell se conservan los nombres tal como aparecen en la fuente publicada por la BBC. El reporte canadiense sobre los preliminares de la Operación Husky identifica al transporte del comodoro como Devis y allí quedó registrada la escena desde el interior del buque alcanzado.
El informe procede del mayor D. S. Harkness, R.C.A., oficial al mando de las tropas embarcadas en aquel transporte. Su voz ya no mira el convoy desde otro buque: describe el golpe desde dentro:
Aproximadamente a las 15:45 horas del 5 de julio de 1943, el buque fue alcanzado por un torpedo justo a popa del centro. La explosión se produjo inmediatamente debajo de los comedores de la tropa y lanzó el cuerpo de un hombre hasta el puente y otros dos hasta la cubierta de botes, así como la parte trasera de un camión, etc. El fuego comenzó de inmediato y, en un plazo de tres o cuatro minutos, la parte de proa del buque quedó separada de la parte de popa. Las explosiones de munición fueron continuas.
Los hombres, con dos excepciones, se comportaron de manera excelente. Acudieron a sus puestos en los botes de forma ordenada y no arrojaron las balsas ni saltaron por la borda hasta que se dio la orden de abandonar el buque. Mientras tanto, recogieron a hombres heridos y quemados y los llevaron consigo por la borda al saltar.
Alrededor de una docena de hombres quedaron atrapados en el comedor; varios de ellos pudieron salir por sus propios medios. Yo organicé una partida con cuerdas, que logró sacar al resto. Todos esos hombres estaban bastante quemados; tres de ellos, muy gravemente.
Si deseas saber más, consulta el CMHQ Report No. 126, Canadian Operations in Sicily, July–August 1943. Part I: The Preliminaries of Operation “HUSKY” [Operaciones canadienses en Sicilia, julio-agosto de 1943. Parte I: los preliminares de la Operación “Husky”].
El 4 de julio de 1943, la invasión de Sicilia todavía no era una imagen de playas, humo y fuego de ametralladoras. Era una aproximación. Una armada dispersa y ordenada, empujada por rutas, señales y horarios, avanzaba hacia una costa que muchos hombres solo conocerían al amanecer.
Pero el Mediterráneo ya había empezado a cobrar su precio. Antes de que las lanchas tocaran tierra, antes de que los nombres de las playas se volvieran memoria de combate, la operación ya había dejado buques hundidos, hombres en el agua, vehículos perdidos y supervivientes que seguirían hacia Sicilia con la ropa incompleta, el cuerpo quemado o la certeza de que la batalla había empezado antes de ver la isla.

Tropas de asalto aliadas abordan embarcaciones de invasión estadounidenses en el norte de África, mientras lanchas de desembarco cargadas zarpan hacia Sicilia.

Tropas esperan una taza de té en un puerto egipcio antes de embarcarse hacia Sicilia.

Tropas embarcando en lanchas de desembarco en Trípoli durante los preparativos de la invasión de Sicilia, 3 de julio de 1943.

El HMS Roberts, monitor de la Royal Navy, estaba armado con cañones de 15 pulgadas y fue empleado como buque de apoyo de fuego naval.

Hombres de los Seaforth Highlanders embarcan en Sousse rumbo a Sicilia, 5 de julio de 1943.

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