Batalla campal por una colina en Rhzev

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“Un comandante de batallón”. Un oficial soviético (probablemente A. G. Yeremenko, quien era un oficial político de Compañía del 220º Regimiento de Fusileros, de la 4ª División de Fusileros, muerto en combate en 1942) liderando al frente de sus soldados para llevar a cabo un ataque, en Ucrania, región de Voroshilovgrado, Unión Soviética.

La mayor parte de la línea de 1,600 kilómetros del Frente Oriental no había cambiado mucho durante 1942, con dos fuerzas opuestas extendiéndose muy delgadamente en algunos sectores. Batallas enormes habían ocurrido en otros lugares y continuaban ocurriendo en Stalingrado. Sin embargo, todavía había encuentros intensos y sangrientos para tomar ciertas posiciones a lo largo de la línea del frente. Para los hombres participando, el combate era tan mortal como en cualquier otro lugar.

 

Petr Mikhin, un observador avanzado de artillería soviética, describe cómo la batalla por la posesión de una pequeña colina en su sección de la línea sería especialmente costosa en términos de vidas perdidas:

La loma era importante, ya que proporcionaba una excelente vista de las posiciones alemanas. Había cambiado de manos varias veces, pero por el momento estaba en tierra de nadie entre las líneas.

La división estaba tan debilitada debido a tres meses de estar a la ofensiva, que no sólo no podían capturar un pueblo, sino incluso este pequeño montículo. Ni siquiera podría llamarse una colina.

Detrás de nosotros estaba la “Arboleda de la Muerte” y las ruinas destrozadas de los pueblos de Galakhovo y Polunino; enfrente de nosotros estaba la ciudad de Rzhev. Para ser más precisos, en frente de nosotros estaba esta loma, por la que tantos hombres en ambos bandos ya habían caído.

Los cuerpos hinchados y en descomposición de los soldados alemanes estaban por todas partes, de los cuales emanaba un fuerte hedor. Entre ellos se encontraban también los cadáveres de nuestros hombres, que habían caído allí hacía poco. Este parche de tierra arrugado, erizado con matas densas de pasto ennegrecido, era el lugar más bajo en torno a la loma y era el único lugar que ofrecía la más pequeña de las coberturas.

Cada hombre había buscado refugio en él, buscando cualquier cosa que pudiera proporcionar algo de ocultamiento del fuego rastrillado.

Con el fin de capturar la loma, el comandante del regimiento había barrido el área de la retaguardia a fin de crear un pelotón reforzado de cuarenta hombres. Se habían reunido en ese pelotón barberos, zapateros, enfermeros y otros hombres de la retaguardia, con edades comprendidas entre la adolescencia y los cuarenta años.

Era dos veces más aterrador para aquellos hombres que se arrastraban hacia esa colina; era aterrador para cualquier hombre levantarse del suelo bajo fuego, pero estos hombres también carecían de cualquier experiencia en la primera línea de batalla.

Pero los hombres estaban tratando de ocultar sus temores. No querían parecer algo menos que aquellos hombres que en su momento ya se había enfrentado valientemente al fuego enemigo. Un sentimiento de culpa ante los que habían caído inspiró un aire de valentía afectada entre los mismos. “Bueno”, trataban de consolarse unos a otros, “es nuestro turno; no se puede pasar toda la guerra en la retaguardia…”.

Mi puesto de observación estaba en la posición de partida del pelotón. Cuando los alemanes los vieron y el fuego de docenas de ametralladoras brilló a lo largo de su línea de trincheras, abrí fuego con mis obuses.

 

Pero apenas había logrado eliminar varias posiciones de ametralladoras cuando dos obuses de mortero explotaron al lado de nuestra trinchera sucesivamente. Los fragmentos de los proyectiles mataron a uno de los observadores e hirió severamente a mi señalero; las explosiones me lanzaron contra la pared trasera de la trinchera y me golpeé en la cabeza con tanta fuerza que quedé inconsciente.

Si deseas saber más, lee “Guns Against the Reich: Memoirs of an Artillery Officer on the Eastern Front” [Cañones contra el Reich: Memorias de un oficial de artillería en el Frente Oriental], de Petr Mikhin.

Dotación de cañón se moviliza a nuevas posiciones. Un equipo de cañón montado se moviliza

“Dotación de cañón se moviliza a nuevas posiciones”. Un equipo de cañón montado se moviliza mediante la utilización de caballos en las duras condiciones climatológicas de la Unión Soviética, nótese que el lodo casi impide el movimiento de las ruedas del cañón, en octubre de 1942.

Lanzando granadas. Un soldado soviético se prepara para lanzar una granada, en Stalingrado

“Lanzando granadas”. Un soldado soviético se prepara para lanzar una granada, en Stalingrado, septiembre de 1942.

Zapadores soviéticos desactivan minas y otros artefactos explosivos durante la Gran Guerra

Zapadores soviéticos desactivan minas y otros artefactos explosivos durante la Gran Guerra Patria de 1941-1945, en agosto de 1942.