top of page

Ataque de la artillería alemana en Djbel Mahdi

Un tanque Sherman avanza velozmente en el Paso Foudouk, el 8 de abril de 1943..jpg

Un tanque Sherman avanza velozmente en el Paso Foudouk, el 8 de abril de 1943.

En Túnez, el combate continuó incluso cuando los alemanes intentaban retirarse. El Octavo Ejército británico, que había luchado todo el camino hacia el oeste desde Egipto y en la batalla de El Alamein, ahora se encontraba con las fuerzas estadounidenses que habían estado movilizándose hacia el este desde la Operación Torch [Antorcha]. Los alemanes estaban atrapados ahora en la península de Túnez; su posición era insostenible, pero no había otra alternativa que seguir combatiendo.

Entre estos hombres se encontraba uno que llevaba un diario único. En sus memorias posteriores, Spike Milligan capturaría algo del humor con el que a menudo los soldados se mantenían al atravesar el peor de los momentos, con cierto buen espíritu. Sin embargo, sus experiencias en África estaban lejos de ser una broma:

8 de abril de 1943:

Djbel Mahdi. Levantado a primera luz del día, conduje tras la estela de una retirada apresurada de Jerry [alemanes] a lo largo de un piso lleno de polvo caliente que ahogaba el valle; pasamos junto a vehículos aún incendiándose —algunos nuestros, algunos de ellos—. Unos cuantos cuerpos carbonizados —“infusiones”, como los hombres de los tanques los llamaban—. Nos detuvimos para ubicar nuestra posición; a mi izquierda, acostado boca abajo, estaba el cuerpo de un italiano muerto hace poco; la sangre en su cuello todavía rezumaba. Cariñosamente, le quité el reloj.

El Bren se detuvo al pie de Djbel Mahdi.

Los Hamps del 2/4 todavía estaban excavando cuando llegamos. Sigo al capitán Rand y al brigadier Edwards cuesta arriba, desenrollando el control remoto de la radio. ¡Carajo! No alcanzó; Rand y Edwards se dejaron caer sobre su vientre justo debajo de la cima. Tuve que correr de nuevo, arreglarles una línea telefónica que llegara al control remoto, por lo que me gritaron órdenes de fuego por teléfono y yo las transmitía por radio.

No tuvimos tiempo para excavar, y ¡Cristo! un “Stonk” alemán nos dio —era una lluvia de proyectiles—. Quedarme donde estaba significaba la muerte, así que corrí a la madriguera de los oficiales de infantería. “¿Hay sitio para uno más?” —les dije—. “Lo siento, chico, esta es una trinchera para sólo un hombre”. Me zambullí de cabeza mientras proyectiles frescos aterrizaban. “¡Pues ahora es una maldita trinchera para dos hombres!”

¡No les digo! ¡Ellos están dispuestos a dejarte morir en lugar de moverse! El bombardeo se detuvo. Salí y regresé a mi trabajo —más proyectiles—. Encontré una pequeña depresión al abrigo de unas rocas.

¿Dónde estás?” —gritó una voz—. “Estoy en una depresión”, le dije. “¿Qué no lo estamos todos?”, fue la respuesta.

Hasta ahora no había pasado ninguna orden de fuego; hacía mucho calor. Le pregunté por radio a Maunders si tenía algo de agua. Sí. Eché a correr para obtener alguna. Una cortina de fuego de mortero fresca. Me puse boca abajo, sudando. Se detuvo. Un hombre de infantería se detuvo junto a mí; Dios sabe de dónde vino.

Dios: Él vino del 2/4 Hampshire, hijo mío. Yo: Ah.

El soldado se complace en decirme: “No es bueno esconderse allí si no tienes una trinchera, te van a dar; en cualquier momento volverá a comenzar con sus morteros. Él dejó caer algunos esta mañana justo donde estás acostado”. Todo esto hizo que mi espalda se enderezara (que ahora estaba a la altura de mis tobillos). “¿Por qué no te vas a la mierda y te unes al ejército alemán?” Pensé que me iba a disparar, pero él se alejó.

Yo estaba aprendiendo la extraña calidad de la raza humana. Su patada buscaría a alguien que pareciera asustado y lo trataría para aterrorizarlo. Supongo que también le gustaba sentarse en las monturas de bicicletas de niñas. Un soldado de Hampshire asomó la cabeza desde un agujero apestoso. “Si atacan, ¿crees que podamos resistirlos?” “Sí”, —dije con confianza—, “habrá una cortina de fuego a las 2”. “Oh, qué bien”, —dijo.

Conseguí un poco de agua de Maunders, luego subí corriendo a mi control remoto justo a tiempo para pasar las órdenes de fuego. Eran las 13.59 horas. A las 14.00, el bombardeo fue seguido por el ataque de la infantería. Desde la cima vi al P.B.I. yendo hacia adelante, por las laderas de Djbel Mahdi, al otro lado del valle y hasta la vertiente opuesta.

Los hombres caían de lado y se quedaban quietos; nadie se detuvo; llegaron al F.D.L. alemán; desde la distancia se veía cómico. Los hombres saltando fuera de los agujeros con las manos en alto, los hombres corriendo detrás de los árboles, saltando por las ventanas; tomó cerca de una hora. Para las 3 habíamos tomado la posición, pero Jerry contraatacó; lo bombardeamos y rompimos el ataque.

Alrededor de una colina llegó un oficial británico, payaseando a la cabeza de unos 50 prisioneros de guerra del Regimiento de Granaderos 1/755; el joven oficial iba marchando con paso de ganso y gritando en supuesto alemán “Eshta es nuestrra última demanda territorial en Áfrrrica”. Detrás de él, un Oberleutnant del Afrika Korps, con la cara dura y amarga, marchaba con toda la dignidad militar que podía reunir; ninguno de sus hombres parecía de raza superior.

Al pasar, nuestros muchachos se pusieron de pie en sus madrigueras, tirándose pedos y haciendo el saludo nazi, recordando el ritual de los antiguos conquistadores, a caballo en un palanquín, y desfilando a los prisioneros de guerra a sus espaldas. A continuación, se oyeron gritos de “ustedes cabezas cuadradas hijos de puta” y “apuesto a que podemos joderlos en fútbol también”.

Si deseas saber más, lee “Rommel? Gunner Who?” [¿Rommel? ¿Artillero quién?], de Spike Milligan.

Un vehículo Universal y un tanque Churchill del 51º Regimiento Real de Tanques durante el

Un vehículo Universal y un tanque Churchill del 51º Regimiento Real de Tanques durante el ataque de la 6ª División Blindada en la ciudad de Pichon, el 8 de abril de 1943.

Un soldado escolta a alemanes capturados llevando una camilla durante el ataque de la 6ª D

Un soldado escolta a los alemanes capturados mientras llevan una camilla durante el ataque de la 6ª División Blindada en la ciudad de Pichon, el 8 de abril de 1943.

Prisioneros alemanes y sus guardias esperan en una cuneta de la carretera durante el ataqu

Prisioneros alemanes y sus guardias esperan en una cuneta de la carretera durante el ataque de la 6ª División Blindada en la ciudad de Pichon, el 8 de abril de 1943.

El sargento Brown, del Octavo Ejército británico, y el sargento A. Randall, de la 1ª Divis

El sargento Brown, del Octavo Ejército británico, y el sargento A. Randall, de la 1ª División Blindada de los Estados Unidos, fueron los dos primeros hombres en encontrarse y saludarse cuando el 8º y el 1º Ejércitos se enlazaron en el camino Gabes-Gafsa, el 7 de abril de 1943.

bottom of page