Lluvia de obuses sobre los italianos

El general Erwin Rommel, comandante de los Afrika Korps, bebiendo de una taza con un oficial alemán no identificado, mientras esperan en un coche durante la inspección de las tropas alemanas enviadas para auxiliar al ejército italiano en Libia en 1941.

El general Friedrich von Paulus, jefe de la rama de Operaciones del Alto Mando del Ejército alemán, había arribado al norte de África el 27 de abril de 1941 para consultar y evaluar la situación dado que en Berlín estaban preocupados por la falta de noticias de Rommel. Paulus tenía la autoridad para ratificar cualquier movilización propuesta de Rommel o rechazarla.

 

Por tanto, fue aprobado otro intento para tomar Tobruk; sin embargo, las condiciones en que las tropas alemanas e italianas estaban combatiendo no eran idóneas y para el 1 de mayo el proyecto había fracasado. Los ataques sobre Tobruk habían exhibido a Rommel en su peor momento, liderando tropas a la batalla de forma precipitada y sin coordinación:

Tanques de la brigada italiana Ariete durante la campaña en el norte de África.

La Ariete fue puesta en marcha con órdenes de cerrar en el Grupo Kirchheim durante la noche. Conduciendo al este al cuartel general de Kirchheim a la mañana siguiente [1 de mayo], encuentro a parte de la Ariete, la cual debió haberse movilizado hacia las posiciones capturadas mucho antes. Al momento en que paré en el cuartel general de Kirchheim, la fuerza italiana apenas se estaba deteniendo, descargando sus armas y municiones y yendo a su posición.

 

Estaba extremadamente molesto y encargué al mayor Appel con la tarea de hacer que los italianos avanzaran. Hizo un gran esfuerzo, pero no consiguió mucho. Con el fuego de la artillería británica barriendo toda el área, los italianos se arrojaron bajo sus vehículos y resistieron todos los intentos de sus oficiales por sacarlos de vuelta.

 

Un poco más adelante, un grupo de cincuenta o sesenta prisioneros australianos grupo de prisioneros australianos marchó cerca de nosotros, hombres inmensamente grandes y poderosos, que sin lugar a dudas representaban una formación de élite del Imperio británico, un hecho que también fue evidente en la batalla. La resistencia enemiga fue recia como nunca y acciones violentas estaban siendo combatidas en muchos puntos. Lo mismo de siempre, continué pensando por algún tiempo qué es lo que mantendría nuestro ataque y tomar Tobruk. La única pregunta era si teníamos tropas suficientes para continuar alimentando nuestro ataque el tiempo suficiente. Después de un rato fui al frente de ataque, conduciendo una parte del camino y andando el resto, con el fin de obtener un panorama de la situación por mí mismo. Al llegar di órdenes para que las posiciones capturadas fueran ocupadas inmediatamente, con la finalidad de resguardarlas en contra de cualesquier sorpresas desagradables.

Si quieres saber más, lee “The Rommel Papers” [Los documentos de Rommel], editado por B. H. Liddell-Hart.

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