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Bzura y Łódź, dos rostros de una Polonia herida

Caballería polaca en una imagen tradicionalmente asociada con la batalla del Bzura y los c

Caballería polaca en una imagen tradicionalmente asociada a la batalla del Bzura y a los combates de septiembre de 1939. Aunque la identificación exacta de la fotografía ha sido objeto de debate, sirve como referencia visual de las unidades polacas montadas que participaron en la campaña y en operaciones móviles, como las descritas por Rudnicki.

Polonia no era todavía un país vencido, aunque la invasión alemana ya había abierto heridas profundas en su territorio. Las columnas blindadas avanzaban hacia el interior, las comunicaciones polacas se fragmentaban y ciudades enteras comenzaban a quedar bajo ocupación. Sin embargo, en medio de aquel derrumbe aparente, el ejército polaco aún buscaba espacios para resistir, reorganizarse y golpear la retaguardia alemana.

Uno de esos intentos tomó forma en torno al río Bzura. Allí, durante la noche del 9 al 10 de septiembre, las fuerzas polacas lanzaron una contraofensiva destinada a desorganizar el avance enemigo y aliviar la presión sobre Varsovia. No era una maniobra desesperada sin sentido, sino un esfuerzo por recuperar la iniciativa en un momento en que el ritmo de la campaña parecía inclinarse cada vez más hacia Alemania.

Entre quienes participaron en aquella operación se encontraba el general K. S. Rudnicki, cuya memoria permite mirar la campaña desde el interior de una unidad polaca que todavía se movía, ordenaba, reconocía el terreno y buscaba la retaguardia alemana en la oscuridad. Su testimonio muestra un rostro de Polonia: el de los soldados que, incluso bajo presión, aún intentaban contraatacar:

Durante la noche del 9 al 10 de septiembre, dos divisiones de infantería debían ejecutar un ataque sorpresa, golpeando desde el área de Łęczyca, hacia el sur, en dirección a Ozorków, sobre el flanco y la retaguardia de las fuerzas alemanas, para detener cualquier movimiento hacia Varsovia. Dos brigadas de caballería tomarían parte en esta maniobra: la Brigada Wielkopolska (Poznań), del general R. Abraham, en el flanco izquierdo de este Grupo de Infantería, y nuestra Brigada Podolska, reforzada con los restos de la Brigada Pomerania, bajo el general Skotnicki, en el flanco derecho.

La base de las actividades de nuestra Brigada era el río Ner, cerca de Dąbie. Hasta el comienzo de la acción —es decir, durante el día 9 de septiembre— era deber del 9º de Lanceros establecer una línea defensiva sobre el río en Dąbie. Las unidades restantes de la Brigada estaban concentradas en los bosques al norte de Dąbie. La artillería de la Brigada debía apoyar al 9º de Lanceros. Después del anochecer, el 6º de Lanceros atacaría desde Dąbie por la carretera principal hacia Uniejów, sobre el Warta, lo tomaría durante la noche y luego destruiría el puente sobre el Warta, asegurando así nuestro flanco derecho. Serían seguidos inmediatamente por el 14º de Lanceros y por el 9º de Lanceros después de que este hubiera abandonado la defensa del Ner.

 

Los dos regimientos rodearían Uniejów por el oeste y, desplegados sobre un frente amplio, atacarían en dirección general a Ozorków y Łódź, la retaguardia de las unidades alemanas trabadas en combate con nuestras divisiones de infantería. Entonces se levantó la reunión; estábamos contentos de que por fin tuviéramos algún trabajo real que hacer.

 

Regresé a mi Regimiento y lo llevé a Dąbie. Después de un breve reconocimiento de las posibilidades de defensa, ocupé Dąbie y el puente sobre el río con dos escuadrones, dejando los escuadrones restantes en reserva. Al mismo tiempo me puse en contacto con la artillería y acordamos el fuego defensivo. No había enemigo a la vista en la otra orilla del río.

 

Envié nuestro pelotón de ciclistas a reconocer el frente. El pelotón regresó al mediodía, habiendo perdido a su comandante, el teniente Siemiński, y a algunos hombres. A unas cuatro millas de Dąbie, en dirección a Uniejów, se habían encontrado con automóviles blindados alemanes y, tras una breve escaramuza, habían tenido que retirarse. Alrededor de las 3 p. m., algunos motociclistas alemanes aparecieron cerca de Dąbie; avanzaban con cautela, evitando emboscadas. Fueron rechazados por fuego de artillería. Patrullas montadas fueron enviadas inmediatamente después, pero no encontraron alemanes dentro de un perímetro de varias millas.

 

No hubo cambios en nuestra situación hasta la tarde. El enemigo limitó sus actividades solo a pequeños reconocimientos en dirección del Ner y procedía tranquilamente hacia el este. Pensábamos que nuestra acción sorpresa durante la noche tendría una buena oportunidad.

 

Al anochecer, el general Skotnicki llegó a Dąbie. Inmediatamente, el 6º de Lanceros avanzó por la carretera principal hacia Uniejów, seguido de cerca por el 14º de Lanceros, y entonces nosotros abandonamos nuestras líneas defensivas y enlazamos con el 14º. La noche era tan oscura que era difícil ver al lancero que cabalgaba delante, y sería fácil perder la pista. Los escuadrones cabalgaban en fila y llegaban informes regulares a la cabeza de la columna de que todo estaba bien.

Habiendo cabalgado algunas millas hacia Uniejów, giramos a la izquierda, hacia una carretera que llevaba al sudeste. Entonces escuchamos una violenta batalla que rugía en dirección a Uniejów. Se oía el sonido de explosiones y de intenso fuego de ametralladora, y vimos en el cielo oscuro destellos de artillería y muchas bengalas Very, probablemente disparadas por los alemanes sobresaltados, sorprendidos y asustados.

 

Seguimos avanzando, aprovechándonos de la confusión reinante para llegar lo más lejos posible a la retaguardia de las fuerzas alemanas entre Uniejów y Łódź.

Antes del amanecer hicimos alto para un breve descanso, pero pronto seguimos adelante. Nos dimos cuenta de que ahora estábamos en la retaguardia del enemigo. Encontramos cada vez más pequeñas unidades del ejército alemán, a las que aniquilamos. Alcanzamos automóviles alemanes con oficiales de Estado Mayor y también suministros alemanes, de los cuales nuestros lanceros se deleitaron en “abastecerse” de cigarros, comida enlatada, pan y otras provisiones.

 

Mientras tanto, el 6º de Lanceros, después de una violenta batalla, capturó Uniejów y enlazó con nosotros. Rechazaron a los alemanes y destruyeron el puente.

 

No teníamos noticias de la batalla librada por nuestro Grupo de Infantería que avanzaba desde Łęczyca. No obstante, pensamos que debíamos haber causado considerable estrago detrás de las líneas enemigas al penetrar por una brecha y trastornar su organización, aliviando así a nuestra infantería.

Si deseas saber más, busca el título The Last of the War-Horses [El último de los caballos de guerra], del general K. S. Rudnicki.

Mientras la caballería polaca se movía en la oscuridad, buscando la retaguardia alemana entre Dąbie, Uniejów, Ozorków y Łódź, en la propia Łódź la guerra ya tenía otro rostro.

No era el rostro de las órdenes de campaña ni el de los reconocimientos montados. Era el de una ciudad ocupada, de familias que advertían a sus hijos que no bajaran al centro, de rumores, redadas, trabajos forzados y miedo. La guerra, para muchos civiles, no llegaba como una línea roja trazada en un mapa, sino como una orden repentina, una calle peligrosa, una escuela que ya no podía esperarse con normalidad.

Dawid Sierakowiak, adolescente judío de Łódź, escribió ese 10 de septiembre desde una ciudad que comenzaba a sentir los primeros signos de la ocupación alemana. Su diario no describe una gran batalla. Describe algo más pequeño y, por eso mismo, devastador: el instante en que la vida cotidiana empieza a cerrarse alrededor de una familia:

Domingo, 10 de septiembre. Łódź. Los primeros signos de la ocupación alemana: están apresando a judíos para cavar. Un cierto profesor retirado que vive en el edificio once me advirtió contra ir al centro. Un buen anciano —un cristiano. ¿Y ahora qué hacer?

Mañana es el primer día de clases. ¿Quién sabe cómo estará nuestra querida escuela? Mis amigos van a ir allí mañana para averiguar qué está pasando, mientras que yo tengo que quedarme en casa. ¡Tengo que hacerlo! Mis padres dicen que todavía no van a perderme. ¡Oh, mi querida escuela!… Malditas las veces en que me quejaba de tener que levantarme por la mañana y de los malditos exámenes. ¡Si tan solo pudiera tenerlos de vuelta!

Si deseas saber más, busca el título The Diary of Dawid Sierakowiak: Five Notebooks from the Łódź Ghetto [El diario de Dawid Sierakowiak: cinco cuadernos del gueto de Łódź], de Dawid Sierakowiak.

El 10 de septiembre de 1939 dejó dos imágenes que no se contradicen, sino que se completan.

En el campo, entre caminos oscuros, ríos, puentes y poblaciones amenazadas por el avance alemán, soldados polacos todavía intentaban abrir una brecha. La ofensiva del Bzura recordaba que la campaña no era únicamente una historia de retirada: también era una historia de iniciativa, resistencia y voluntad de golpear al invasor donde pudiera ser vulnerable.

Pero en Łódź, dentro de una casa, otro frente comenzaba a formarse. No tenía trincheras ni caballos ni artillería. Tenía padres que temían perder a su hijo, calles que ya no parecían seguras y una escuela que, de pronto, pertenecía a una vida anterior. Para Dawid Sierakowiak, la guerra no fue primero una operación militar, sino la desaparición de la normalidad.

Así, el mismo día mostró dos rostros de una Polonia herida: el de quienes cabalgaban en la noche para buscar la retaguardia alemana, y el de quienes, encerrados en casa, empezaban a comprender que la ocupación también podía conquistar el tiempo, la calle, la escuela y el hogar.

 

En los días siguientes, esos dos rostros seguirían su propio camino. Uno avanzaría hacia nuevas batallas; el otro, hacia una ocupación cada vez más estrecha.

Dawid Sierakowiak —tercera fila, cuarto desde la derecha— junto a otros jóvenes de Łódź..j

Dawid Sierakowiak —tercera fila, cuarto desde la derecha— junto a otros jóvenes de Łódź. Su diario, iniciado antes de la guerra, conserva una de las voces más íntimas sobre los primeros signos de la ocupación alemana y la pérdida de la vida cotidiana.

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Klemens S. Rudnicki, oficial del Ejército polaco, fotografiado antes de 1939. En “The Last of the War-Horses”, Rudnicki recordaría la acción de las unidades de caballería polacas vinculadas a la contraofensiva del Bzura en septiembre de 1939.

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