Masacre en Kondomari

El Oberleutnant Horst Trebes examina una fliegerbluse de un Fallschirmjäger buscando un agujero de bala en la parte posterior. El fliegerbluse fue encontrado en la casa de un hombre en el pueblo de Kondomari durante la redada.

Los alemanes habían logrado la conquista de Creta con costo humano muy alto. Después de la Operación Mercurio los alemanes nunca más volverían a utilizar a los paracaidistas en un asalto masivo como el que ocurrió en la isla mediterránea.

 

Como represalia, los alemanes estaban haciendo una práctica común tomar venganza ejecutando a miembros inocentes de la población civil, de forma sumaria y sin ninguna evidencia que vinculara las ejecuciones a las muertes de elementos del ejército. Fue el turno de los Fallschirmjager, dirigidos por el Oberleutnant Horst Trebes, quienes llevaron a cabo las ejecuciones de más de un centenar de civiles en la población de Kondomari, en Creta, como respuesta a la supuesta mutilación y asesinato de paracaidistas que al descender se enredaron entre los árboles.

 

En esta ocasión fue Franz Peter Weixler, corresponsal de guerra de la Wehrmacht, quien fotografió y recordó los hechos ocurridos el 2 de junio de 1941, durante los testimonios e interrogatorios llevados a cabo con motivo de los Juicios de Núremberg a criminales de guerra nazi, en particular, Hermann Göring:

El pelotón de fusilamiento se prepara para abrir fuego.

El 1 o 2 de junio de 1941, yo estaba en mi alojamiento en la capital de Creta, Chania, cuando un joven oficial me dijo que esa tarde vería algo muy interesante. En respuesta a mi pregunta, me dijo que una expedición punitiva sería enviada contra varios pueblos debido a que habían sido encontrados cuerpos de paracaidistas masacrados y despojados. El mando supremo de la Luftwaffe había sido informado de esto varios días antes y una orden había sido recibida de Göring según la cual las medidas más severas, es decir, la ejecución de la población masculina entre 18 y 50 años de edad, habrían de tener lugar. Le dije al joven oficial y a un capitán Gericke que nunca vi un solo paracaidista masacrado, pero que había visto docenas de compañeros muertos cuyas caras se habían descompuesto parcialmente a causa del calor tropical. Entonces fui a ver al mayor Stenzler quien me dijo que una delegación del Ministerio de Asuntos Exteriores había salido de Berlín el día anterior con el fin de hacer una investigación sobre la presunta masacre de soldados alemanes. Le dije a Stenzler que durante los primeros días de combate había visto buitres picoteando los cadáveres de nuestros compañeros. Le recordé al mayor que habíamos visto innumerables compañeros parcialmente pútridos, pero que nunca habíamos visto un solo asesinato o masacre y que yo consideraría un franco asesinato ejecutar la orden de Göring. Imploré al mayor Stenzler que no enviara la expedición de castigo. Cuando me dijo que esto no era asunto mío, fui a ver al teniente Trebes, quien justo estaba haciendo un discurso a un grupo de unos 30 hombres, a efecto de que ‘la acción tenía que ser llevada a cabo lo más rápido posible, como represalia por nuestros compañeros que habían sido asesinados’. La expedición punitiva estaba compuesta por Trebes, otro teniente, un intérprete, dos sargentos y unos veinticinco paracaidistas del Segundo Batallón. Como fotógrafo asignado a mi división se me permitió acompañar a este Kommando. Cerca del pueblo de Malemes, nos detuvimos y Trebes nos mostró los cadáveres de varios soldados, obviamente, en proceso de descomposición. Incitó a los hombres en contra de la población civil. Continuamos nuestro viaje hasta el pueblo de Kondamari. Los hombres se bajaron y corrieron hacia las pocas casas de la pequeña comunidad. Todos condujeron a hombres, mujeres y niños a la pequeña plaza. Un soldado alemán trajo la gabardina de un paracaidista que había recogido de una de las casas y que tenía un agujero de bala en la espalda. Trebes hizo que la casa fuera quemada inmediatamente. Un hombre admitió haber matado a un soldado alemán, pero no era posible condenar a cualquiera de los otros de cualquier delito o saqueo y, por tanto, le pedí a Trebes detener la acción contemplada y que nos dieras órdenes de regresar, llevando con nosotros únicamente al hombre. Sin embargo, Trebes dio órdenes para separar a los hombres de las mujeres y los niños; luego hizo que el intérprete les dijera a las mujeres que todos los hombres serían ejecutados a causa de haber asesinado a los soldados alemanes y que los cadáveres tendrían que ser enterrados dentro de dos horas. Cuando Trebes dio la espalda por unos instantes, hice posible que nueve hombres escaparan. Trebes hizo que los hombres formaran un semicírculo, dio la orden de disparar y después de unos quince segundos, todo había terminado. Le pregunté a Trebes, que estaba bastante pálido, si se había dado cuenta de lo que había hecho y él respondió que sólo había ejecutado la orden de Hermann Göring y había vengado a sus compañeros muertos. Unos días después recibió la Cruz de Caballero de Göring por su ‘valentía’ en Creta.

 

Me fue posible enviar los negativos de las fotos a un amigo en Atenas, que guardó copias para mí. A pesar del hecho de que la película original me fue despojada por mis superiores y que tuve que firmar una declaración en el sentido de que no tenía copias, me fue posible guardar copias y usarlas más tarde en mi actividad contra Hitler y su régimen.

Si quieres leer más, lee “Operation Mercury: The Battle for Crete, 1941” [Operación Mercurio: la batalla de Creta, 1941], de John Sadler.

Los cuerpos sin vida de la población civil después de la ejecución sumaria.

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