Prisioneros del campo de Syrets obligados a trabajar en la destrucción de las pruebas de la masacre de Babi Yar, en el marco de la Sonderaktion 1005. Los alemanes los forzaron a exhumar cuerpos, levantar piras, quemar restos humanos y triturar huesos antes de intentar eliminarlos como testigos.
Durante seis semanas, entre agosto y septiembre de 1943, más de 300 prisioneros del campo de Syrets, cerca de Kiev, fueron obligados por los alemanes a exhumar y quemar los cadáveres de las víctimas de Babi Yar. Allí, dos años antes, el 29 y el 30 de septiembre de 1941, los Einsatzgruppen y otras unidades alemanas habían asesinado a decenas de miles de judíos de Kiev en una de las mayores matanzas individuales del Holocausto.
La operación formaba parte de la Sonderaktion 1005, el esfuerzo alemán para borrar las huellas de sus crímenes antes de la llegada del Ejército Rojo. Los prisioneros trabajaban encadenados, sacando cuerpos de las fosas, levantando enormes piras, quemando los restos, triturando los huesos y esparciendo las cenizas por los alrededores. Sabían que cuando terminaran el trabajo, ellos mismos serían asesinados para eliminar a los últimos testigos.
En la madrugada del 29 de septiembre de 1943, cuando comprendieron que su ejecución era inminente, los prisioneros organizaron una fuga desesperada. Las cifras varían según los testimonios y las reconstrucciones posteriores: varios centenares participaron en la huida, muchos fueron abatidos durante la persecución y sólo un pequeño grupo logró sobrevivir. Yakov Kaper fue uno de esos sobrevivientes y, más tarde, relató cómo se produjo la fuga… Ver Más










