Las eternas ilusiones del Duce

Mussolini pasa revista al Corpo di Spedizione Italiano in Russia (CSIR), las tropas italianas que fueron enviadas al frente ruso.

Los días previos a la Operación Barbarroja, los alemanes mantuvieron el mayor sigilo posible; aunque sus aliados más cercanos sabían que el ataque era inminente, Hitler decidió esperar hasta el último minuto para informarles del inicio de la invasión.

 

En ocasiones anteriores los alemanes habían sufrido la indiscreción de sus aliados italianos y en ese momento no quisieron correr riesgos. Era simplemente demasiado lo que estaba en juego como para permitirse un error que pudiera costar el elemento sorpresa.

 

Hitler envió una misiva a Mussolini el día anterior al inicio de la invasión de la Unión Soviética explicando las razones por las cuales Alemania realizaría tal campaña y en ella el Führer le solicitó al Duce que se abstuviera de informar a su embajada en Moscú. El anuncio no fue del todo del agrado de Mussolini y el conde Galeazzo Ciano registró en su diario la reacción del Duce:

Tropas italianas con mulas de carga, en Rusia.

30 de junio de 1941

 

Debemos definir la cuestión de las fronteras albanas y montenegrinas, de otra manera habrá una multiplicación de incidentes, sobre todo con Croacia que, como todos los nuevos países, está empezando a jugar con la idea de imperialismo. Pavelić ahora le gustaría tener el sandžak de Novi Bazar [un distrito de Bosnia], una pretensión absurda e injusta. Estoy preparando una carta por el Duce para rechazar esta petición. En el Palazo Venezia hay una reunión entre Mussolini y Pietromarchi; los puntos principales son echados abajo y se concluye que, si los croatas y búlgaros juegan algunos trucos, las fronteras serán decididas por decreto, sin su consejo.

 

Mussolini da rienda suelta a otro arranque anti-alemán. Teme que los alemanes están alistándose para pedir el Alto Adige; dice que se resistirá a esto con fuerza armada, pero no veo que tenga los medios para llevar a cabo tal amenaza. Él estaba ofendido, especialmente por la forma en que los alemanes lo trataron en relación con la cuestión soviética. Hubo un silencio absoluto de su parte y sólo una “alarma nocturna” para informarle del hecho consumado. “Ni siquiera yo molesto a mis sirvientes durante la noche”, dijo el Duce, “pero los alemanes me hacen brincar de la cama a cualquier hora sin ninguna consideración”. El Duce se percata que la participación de nuestras tropas en el frente ruso no era bienvenida por Hitler, pero él insiste en enviarlas de cualquier manera. Hice lo mejor que pude para hacerle cambiar de opinión, pero él está inamovible y convencido que son las “divisiones superiores a las alemanas, tanto en hombres como en equipo”. Sé que el juicio de Rintelen fue muy diferente. Ahora el Duce espera por dos cosas: ya sea que la guerra termine en un compromiso que salve el equilibrio de Europa o que se prolongue por un largo tiempo, permitiéndonos por la fuerza de las armas recobrar nuestro prestigio perdido. ¡Oh, sus eternas ilusiones!...

Si quieres saber más, lee “The Ciano Diaries 1939-1943” [Los diarios de Ciano 1939-1943], editado por Hugh Gibson.

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