Combate aéreo en el frente oriental

Uno de los tanques Tiger de la 3ª División Panzer SS “Totenkopf” después de su llegada a Budy, al suroeste de Kharkov, en mayo de 1943, durante los preparativos para la futura ofensiva de Kursk. El tanque aún no lleva insignias ni pintura de camuflaje. Se trata del Tiger del SS-Untersturmführer Walter Köhler, que más tarde recibiría el número táctico 911.
Tras la reconquista alemana de Kharkov en marzo de 1943, el frente meridional quedó momentáneamente estabilizado, pero la guerra en el Este estaba lejos de haber recuperado el ritmo de las ofensivas alemanas de 1941 y 1942. La línea del frente dejaba una gran saliente soviética en torno a Kursk y los mandos alemanes comenzaron a estudiar una operación para reducirla mediante un ataque convergente desde el norte y el sur.
El 15 de abril de 1943, Hitler firmó la Orden Operacional Nº 6, que preparaba la ofensiva contra la saliente de Kursk bajo el nombre clave Zitadelle [Ciudadela]. La operación debía estar lista para ejecutarse con breve preaviso después de finales de abril, y durante un tiempo se consideró que comienzos de mayo era una fecha posible. Sin embargo, el mal clima, el agotamiento de las unidades, los problemas de preparación y la espera de nuevos blindados —incluidos los Panther y más Tiger— fueron retrasando el ataque.
Mientras tanto, ambos bandos aprovechaban la pausa para concentrar fuerzas. Los soviéticos trasladaban reservas, artillería, tanques y aviación hacia el saliente; los alemanes reacondicionaban divisiones, reforzaban sus unidades Panzer y acumulaban suministros. En el sector de la 299ª División de Infantería, donde Hans Roth servía como Panzerjäger [cazador de tanques], el aumento de la actividad aérea y la llegada de nuevos blindados alemanes anunciaban que una gran ofensiva se preparaba. Roth dejó constancia de ese ambiente en su diario del 6 de mayo de 1943:
6 de mayo
Hay mucha actividad hoy. Al despuntar el amanecer, una escuadrilla de bombarderos soviéticos vuela sobre nuestra línea del frente. De pronto, hacen un viraje brusco, se lanzan en picado y se aproximan a gran velocidad a nuestra posición. Por experiencia, sabemos que ahora deben de estar abriendo las compuertas de bombas y que la muerte comenzará a caer sobre nosotros.
Pero no ocurre nada.
En su lugar, escuchamos el aullido familiar de nuestros cazas.
Nos pegamos contra las paredes de la trinchera y observamos cómo se desarrollan los acontecimientos en el claro cielo de la mañana, donde se lucha a vida o muerte. Comienzan las maniobras evasivas cerradas y el fuego de ametralladoras. Nuestros cazas se abalanzan sobre los bombarderos más lentos, mientras sus artilleros intentan derribarlos. Las bocas de las ametralladoras y de los cañones de a bordo destellan en el cielo.
Nuestros cazas realizan su ataque y luego vuelven a trepar violentamente, con los motores aullando, para colocarse otra vez por encima de los bombarderos enemigos. Un bombardero soviético empieza a caer del cielo; inclina el ala derecha y se precipita hacia tierra, girando sobre sí mismo, hasta estallar en llamas brillantes. En los tres minutos siguientes, otros cuatro bombarderos soviéticos sufren el mismo destino. Ese día, 74 aviones soviéticos fueron derribados en nuestro sector.
Ayer llegaron nuestros primeros Tiger y fueron colocados en una amplia línea detrás de nuestro sector. Esto nos da una sensación de tranquilidad, pues los Rojos también están concentrando sus unidades de tanques al otro lado. El frente está lleno de cañones antiaéreos de todos los calibres y tamaños.
Estamos tranquilos y confiados porque el invierno ha terminado y el sol nos pertenece sólo a nosotros.
Si deseas saber más, lee Eastern Inferno: The Journals of a German Panzerjäger on the Eastern Front, 1941-1943 [Infierno oriental: los diarios de un cazador de tanques alemán en el Frente Oriental, 1941–1943], editado por Christine Alexander y Mason Kunze.
La entrada de Roth transmite muy bien el estado de ánimo alemán en aquellas semanas: alivio por el final del invierno, confianza renovada por la llegada de nuevos tanques y la sensación de que la Luftwaffe aún podía dominar el cielo localmente. En retrospectiva, esa confianza resultaba frágil. La ofensiva de Kursk sería aplazada una y otra vez, y cada demora permitiría al Ejército Rojo reforzar sus defensas, llenar el saliente de minas, artillería y reservas, y convertir la futura Operación Ciudadela en una trampa cada vez más peligrosa para las fuerzas alemanas.

Un Raupenschlepper Ost, tractor de orugas diseñado para afrontar los caminos deteriorados y el barro de la Unión Soviética, transporta material y suministros durante los preparativos de la ofensiva de Kursk.

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