El escándalo del Paso Stena-Portas

Un cañón de 33 mm montado sobre el chasis de un tanque Panzer I, de la 5ª División Panzer, en abril de 1941, en Grecia.

La guerra en los Balcanes ya había traído la rendición de Yugoslavia y con ello el inicio de la repartición de su territorio entre los países del Eje. Y aunque los griegos estaban combatiendo aún, sus ejércitos estaban disminuidos, tanto en suministros como en su moral. El Primer Ministro griego, Alexandros Koryzis, se había suicidado y las fuerzas del Eje estaban a punto de entrar en Atenas.

 

Los británicos, a su vez habían estado completando sus planes y conduciendo las primeras etapas de su retirada hacia las Termópilas. Desde el 15 de abril, antes de que se emitieran las órdenes de operación del Cuerpo Anzac, el general Thomas Blamey, al mando del I Cuerpo Australiano, había advertido al teniente general Iven Mackay que las unidades al oeste del Paso Serbia (también conocido como el Paso Stena-Portas) y aquellas adelante del Río Aliakmón debían retirarse inmediatamente. Así, la XIX Brigada australiana y el 26º Batallón neozelandés habían emprendido su agotadora retirada.

 

Wilhelm Prüller era un soldado germano combatiendo en los Balcanes, y su diario proporciona una perspectiva única dentro de las reflexiones del Landser, el soldado alemán común. El 18 de abril, Prüller describe su encuentro con los prisioneros alemanes abandonados por las fuerzas británicas en el Paso Stena-Portas:

Miembros del 2/1º Regimiento Antitanques australiano descansando tras su retirada de la zona de Vevi, el 13 de abril 1941. La unidad sufrió graves pérdidas en los primeros ataques alemanes a las posiciones australianas en Grecia.

18 de abril de 1941

 

Encontramos varios hombres gravemente heridos. Habían permanecido cuatro días bajo la lluvia. Los ingleses no vendaron a ninguno de ellos; al contrario, los pusieron en el camino de nuestro fuego de artillería. A los compañeros moribundos se les dio agua mezclada con gasolina. Nunca será olvidado este acto escandaloso de los ingleses en Stena Portas.

En realidad el “escándalo del Paso Stena-Portas” nunca sucedió. Uno de los suboficiales fue herido en el Paso y, cuando fue descubierto, contó esta historia que había inventado. Fue citado en los despachos y promovido. Más tarde, cuando los prisioneros alemanes que habían sido capturados por los ingleses en Stena Portas fueron liberados, todos dijeron unánimemente que habían recibido un “trato real”. El escándalo de Stena Portas fue posteriormente investigado y el suboficial culpable de la historia fue enjuiciado por una corte militar. Prüller dijo a los editores que había corregido esta historia en “cartas a su esposa”; sin embargo, significativamente, el pasaje en su diario permaneció sin corregir.

 

Si quieres saber más, lee “Diary of a German Soldier” [Diario de un soldado alemán], de Wilhelm Prüller.

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