Yugoslavia sucumbe

Soldados serbios entregando sus armas después de su captura, en Yugoslavia, abril de 1941.

El 17 de abril de 1941, el ejército yugoslavo se rindió ante las fuerzas abrumadoramente más poderosas de los alemanes. El rey Pedro II fue trasladado a un lugar seguro y de allí al exilio por un hidroavión de la Real Fuerza Aérea que le recogió en la costa dálmata.

 

La situación era crítica para los ingleses, Londres sufría bombardeos intensos; en el norte de África los alemanes habían sitiado el puerto de Tobruk y estaban tocando las puertas de Egipto, y las fuerzas griegas, las cuales habían estado combatiendo valerosamente desde 1940 debido a la fracasada invasión italiana, ahora estaban enfrentado también a los teutones. Los ejércitos griegos e ingleses estaban desmoronándose rápidamente.

 

El mariscal de campo Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando del ejército alemán, escribió en sus memorias las circunstancias que imperaban al momento:

Bersaglieri italianos marchan por las calles de la ciudad yugoslava de Dubrovnik mientras una multitud observa. La rendición incondicional de Yugoslavia fue firmada el 17 de abril de 1941. Yugoslavia fue ocupada y dividida por las potencias del Eje. Algunas áreas fueron anexadas por países vecinos satélites del Eje, otras se mantuvieron ocupadas y en otras áreas se crearon estados títeres, como en el Estado Independiente de Croacia.

Después de que la rendición de Yugoslavia fuera aceptada por el mariscal de campo List en representación del Führer y de acuerdo con las directivas de la OKW [Alto Mando del Ejército], Hitler dirigió su autoridad personal para influir en el armisticio con Grecia, al mismo tiempo velando por los intereses de Italia y la desmedida vanidad de Mussolini, despachando al general Jodl para hacerse cargo. El Führer estaba dispuesto básicamente a ofrecerle a los griegos un arreglo honorable en reconocimiento a su valiente lucha y su carencia de culpa de esta guerra: después de todo, los italianos la habían iniciado. Ordenó la liberación y repatriación de todos los prisioneros de guerra desde el momento en que hubieran sido desarmados; la pobre campiña habría de conservarse y la producción del país no debía ser tocada, excepto en donde pudiera ser utilizada para ayudar a los británicos, quienes habían desembarcado en marzo. Si todavía hubiera combates en suelo griego entonces tendrían sólo un objetivo: barrer hasta el último hombre inglés en Grecia y expulsarlos de cada isla de la cual se hubieran apoderado.

Si quieres saber más, lee “The Diaries of Sir Alexander Cadogan 1938-1945” [Los diarios de sir Alexander Cadogan], editado por David Dilks.

Si quieres saber más, lee “The Memoirs of Field-Marshall Wilhelm Keitel: Chief of the German High Command 1938-1945” [Las memorias del marsical de campo Wilhelm Keitel: Jefe del Alto Mando alemán, 1938-1945], editado por Walter Gorlitz.

 

Ese mismo día, Alexander Cadogan, el subsecretario de Asuntos Exteriores británico, hacía sus observaciones sobre la tensa situación prevaleciente:

Jueves, 17 de abril

 

Bombardeo horrible anoche (450 máquinas). No pude dormir hasta que dieron el todo sereno a las 4.30. Buena y cálida mañana. Caminado por la vía tortuosa a la O.A.E. [Oficina de Asuntos Exteriores]. El área de Piccadilly, la calle St. James, Pall Mall, la calle Low Regent están muy devastadas. Gabinete a las 11.30. El Almirantazgo impactado. Desde el lugar en la mesa del Gabinete, Winston observó que esto le daba una mejor vista de la Columna de Nelson. Muy cierto. Papagos nos ha pedido que evacuemos y acordamos tratar. Nadie sabe qué pasó. África del N. se ve un poco mejor. Winston dice que está bien, refiriéndose a lo exiguo de las fuerzas enemigas. Pero entonces ¿cómo diablos llegaron allí? No estoy satisfecho. Tampoco lo está Margesson.

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