top of page

Batalla aérea sobre Albania

Raoul Francinetti junto a su Fiat CR.42 dañado tras los combates aéreos sobre Albania del 28 de febrero de 1941.

El sottotenente Raoul Francinetti, de la 394.ª Squadriglia, muestra los daños sufridos por su Fiat CR.42 tras los combates del 28 de febrero de 1941. Francinetti resultó herido y logró regresar a su base. (Foto: N. Malizia / vía Air War for Yugoslavia, Greece and Crete 1940–41, p. 96)

A finales de febrero de 1941, la guerra entre Grecia e Italia llevaba cuatro meses extendida por las montañas de Albania. La contraofensiva griega había llevado el frente más allá de la frontera, pero el invierno había ralentizado las operaciones sin poner fin a los combates. En torno a Tepelene y en los accesos hacia Valona, las carreteras, los valles y los pasos de montaña seguían siendo esenciales para sostener a los ejércitos que combatían a ambos lados del frente.


La presencia británica en Grecia también había aumentado. A las unidades que operaban allí desde los primeros meses de la campaña se habían sumado nuevos escuadrones trasladados desde Egipto. La RAF empleaba sus Hurricane y Gladiator para escoltar bombarderos, realizar patrullas ofensivas y proteger a las fuerzas griegas, mientras la Regia Aeronautica seguía operando sobre Albania con sus propias formaciones de bombarderos y cazas.


El terreno y el clima imponían sus propias condiciones. El mal tiempo podía dejar aeródromos fuera de servicio y cerrar rutas de vuelo; las montañas separaban las bases de los objetivos, y las nubes complicaban cualquier operación sobre un terreno donde los valles ofrecían algunas de las pocas referencias claras desde el aire. Paramythia, en el noroeste de Grecia, permitía acercar los cazas británicos al frente y se había convertido en uno de los aeródromos avanzados desde los que varias unidades podían operar hacia Albania.


En la tarde del 28 de febrero, el cuartel general del Ala “W” ordenó patrullar la zona comprendida entre Tepelene y la costa ante la previsión de una fuerte actividad aérea italiana. Desde Paramythia despegaron Gladiator de los escuadrones 80 y 112; poco después salieron Hurricane del Escuadrón 80, mientras otros aparatos del 33 cubrían el sector más próximo a la costa.


Entre los Hurricane del Escuadrón 80 volaba el oficial de vuelo Nigel Cullen. Más tarde, al evocar aquella salida, describió así lo que había vivido:

La batalla se extendió por toda Albania. Primero encontré cuatro Breda 20 [sic]. Derribé uno, que cayó en llamas. Después encontramos tres formaciones de S.79. Ataqué a uno y apunté al motor de estribor. Se incendió y se estrelló en llamas.


Subí y piqué sobre el siguiente, y también se estrelló en llamas. Luego atacamos diez CR.42, ascendiendo para ganarles altura. Me coloqué detrás de uno; se incendió y cayó en llamas.


Volví a subir de inmediato, piqué, disparé contra la cabina y otro se incendió, volcó y se estrelló. Entonces tuve que volver: ya no tenía munición.

Si deseas saber más, lee Air War for Yugoslavia, Greece and Crete 1940–41 [La guerra aérea por Yugoslavia, Grecia y Creta 1940–41], de Christopher Shores, Brian Cull y Nicola Malizia.

Cuando Cullen regresó a Paramythia, otros combates seguían desarrollándose en el mismo sector. A esas alturas, las formaciones británicas e italianas se habían dispersado en encuentros separados sobre Albania.


Entre los Gladiator del Escuadrón 112 volaba el teniente de vuelo Richard James “Dickie” Abrahams. Al recordar aquella tarde, relató su experiencia con estas palabras:

De pronto, el viejo Glad quedó completamente flojo de mandos. Nada respondía. Me quedé allí sentado y luego decidí que más valía salir. No pude, así que seguí sentado, con las manos sobre el regazo, mientras el avión giraba como loco. Al final sí conseguí salir.


Era tan agradable estar allí, en el aire, que, maldita sea, por poco se me olvidó tirar de la anilla de apertura. Creo que batí el récord de apertura retardada del paracaídas de toda Albania y Grecia.


Aterricé y, apenas caí despatarrado en el suelo, unos soldados griegos me recogieron, me vitorearon y me dieron palmadas en la espalda. Me creí todo un héroe hasta que uno de ellos me preguntó:


—¿Milano, Roma? —y comprendí que pensaban que era italiano. No se daban cuenta de que también se podía derribar a un inglés.


Así que dije:


—Inglese —y entonces comenzó la fiesta.


Me alzaron sobre sus hombros y empezó la procesión de “ahí viene el héroe victorioso”. Bebimos vino y nos divertimos. Muy buena gente.

Si deseas saber más, lee Air War for Yugoslavia, Greece and Crete 1940–41 [La guerra aérea por Yugoslavia, Grecia y Creta 1940–41], de Christopher Shores, Brian Cull y Nicola Malizia.

Entre los aviadores italianos alcanzados estuvo el sottotenente Raoul Francinetti, de la 394.ª Squadriglia, que consiguió regresar con su CR.42 dañado tras resultar herido en una de sus extremidades. El tenente Mario Bellagambi también resultó herido y consiguió llevar su caza a tierra después de que el aparato y el motor fueran gravemente alcanzados. Las acciones de ambos quedarían recogidas pocos meses más tarde en sus respectivas citaciones al valor militar.

En una batalla aérea nadie ve la batalla entera. Desde una cabina, el mundo se reduce a un aparato que cruza la mira, una maniobra que debe decidirse en segundos y un horizonte que rara vez permite saber qué está ocurriendo unos kilómetros más allá. Solo al regresar comienzan a juntarse fragmentos que, durante el combate, pertenecían a hombres distintos.


Eso no hace menos reales sus certezas; simplemente las coloca en su verdadera dimensión. Británicos e italianos salieron de aquella tarde con recuerdos y heridas, pero ninguno podía reunir en una sola mirada todo lo que había ocurrido sobre Albania. La guerra aérea crecería todavía mucho más, con más aparatos y mayores distancias, pero conservaría esa contradicción: cuanto más grande se hacía la batalla, más reducido seguía siendo el mundo desde una cabina.


Sobre Albania, la batalla entera solo pudo reconstruirse después; en el aire, cada hombre solo tuvo delante el siguiente instante.

Fiat CR.42 de la 162.ª Squadriglia sobre las islas del Egeo en 1940
Fiat CR.42 de la 162.ª Squadriglia sobre las islas del Egeo en 1940

Fiat CR.42 de la 162.ª Squadriglia, 161.º Gruppo Autonomo C.T., sobre las islas del Egeo, 1940. (Foto: autor desconocido / finn.it / vía Wikimedia Commons / dominio público)

Pat Pattle y George Rumsey junto a un Hawker Hurricane en Larisa en 1941
Pat Pattle y George Rumsey junto a un Hawker Hurricane en Larisa en 1941

El líder de escuadrón Marmaduke Thomas St John “Pat” Pattle y el teniente de vuelo George Rumsey junto a un Hawker Hurricane en Larisa, Grecia, en 1941. (Foto: autor desconocido / Imperial War Museums / ME(RAF) 1260)

Air War for Yugoslavia, Greece and Crete 1940-41

Air War for Yugoslavia, Greece and Crete 1940-41

Estudio detallado de la guerra aérea sobre Yugoslavia, Grecia y Creta, basado en registros británicos, italianos y alemanes y testimonios de participantes.

Adquiérelo en Amazon

Como asociados de Amazon, se obtienen comisiones con compras calificadas.

Comentarios
Cargando...
bottom of page