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Una bandera blanca en Boves

Boves en llamas el 19 de septiembre de 1943, durante la acción de las SS de la Leibstandar

Boves en llamas el 19 de septiembre de 1943, durante la acción de las SS de la Leibstandarte. (Foto: autor no identificado / Avvenire).

El reciente anuncio del armisticio italiano no había traído la paz al norte del país. Las fuerzas alemanas habían reaccionado con rapidez para desarmar al antiguo aliado, ocupar ciudades, carreteras y centros militares y asegurar sus comunicaciones mientras el ejército italiano se deshacía en unidades aisladas, columnas en retirada y hombres que intentaban regresar a casa.

En el Piamonte occidental, el desmoronamiento del 4.º Ejército italiano, que regresaba desde el sureste de Francia, había dejado hombres y armas dispersos alrededor de Cuneo y en los valles que conducían hacia los Alpes. Algunos soldados y oficiales se refugiaron en las montañas y comenzaron a reunirse en grupos armados que todavía no podían describirse de manera uniforme como formaciones partisanas.

Entre las unidades alemanas desplegadas en la región se encontraba la División Panzergrenadier SS “Leibstandarte SS Adolf Hitler”. Su III Batallón del 2.º Regimiento Panzergrenadier de las SS, al mando del SS-Sturmbannführer Joachim Peiper, operaba en la provincia de Cuneo. En los partes alemanes, los grupos armados que comenzaban a aparecer eran ya registrados bajo la categoría de Banden [bandas].

Boves estaba a pocos kilómetros de Cuneo, al comienzo de los valles que ascendían hacia las montañas. En aquella situación incierta, autoridades locales, carabineros, antiguos soldados, sacerdotes y habitantes del pueblo seguían actuando dentro de relaciones que habían cambiado con extraordinaria rapidez. El territorio de un país que hasta hacía poco había sido aliado de Alemania se estaba convirtiendo en territorio ocupado.

 

Vittorio Luigi Dalmasso, de 45 años, era conductor de profesión y vivía en Piazza Italia, en Boves. En una declaración posterior recordó cómo, a primera hora de la tarde de aquel domingo, fue llamado para hacer un viaje:

A las 14:00 del 19 de septiembre de 1943, el mariscal de los Carabineros de Boves, un tal Caredda, me encargó conducir en mi automóvil de servicio público —soy conductor de profesión— al párroco don Bernardi y al señor Antonio Vassallo hasta el grupo de nuestros militares que, tras la desbandada del ejército, se había reunido en Castellar. El mariscal Caredda vino a buscarme a mi casa y con él estaban… don Bernardi y Vassallo.

El mariscal explicó que era necesario obtener la devolución de los dos militares alemanes capturados por la mañana; de lo contrario, Boves sería incendiada. Dijo que esa era la orden del comandante alemán —o de los comandantes alemanes—.

Llevé enseguida a don Bernardi y a Vassallo a Castellar, después de preparar una especie de bandera blanca con mi servilleta de mesa y un trozo de mango de escoba.

Al llegar frente a la iglesia de San Carlo, en la carretera hacia Madonna dei Boschi, fuimos detenidos por soldados alemanes que se encontraban allí con un tanque. Don Bernardi explicó adónde íbamos y las razones de nuestro viaje, hablando en italiano. Entonces nos dejaron pasar. Recuerdo que, en aquella ocasión, sus palabras fueron aproximadamente de este tenor: “Nosotros ir buscar camarada, orden comandante”.

La conversación con los alemanes duró alrededor de media hora, pero no oí todo lo que se dijo porque me mantuve un poco apartado.

 

Recuerdo haber oído que no todos estaban de acuerdo con la devolución de los prisioneros. Pero no estoy en condiciones de referir los términos exactos de la conversación.

 

Hacia las 15:00 emprendimos el regreso a Boves. En mi automóvil viajaron don Bernardi y uno de los prisioneros, este último con los ojos vendados. El otro prisionero, también con los ojos vendados, subió al vehículo militar que fue igualmente devuelto y que conducía mi hijo.

Mi hijo bajó con nosotros hasta el cruce de las carreteras de Rivoira y Madonna dei Boschi y luego regresó a Castellar.

Recuerdo que, al llegar cerca de la localidad de Ponte dei Sergenti, el cadáver del alemán muerto había sido cargado en el automóvil que conducía mi hijo.

Llegamos a Boves hacia las 15:15 y hice bajar a don Bernardi y al militar alemán en Piazza Italia. Luego seguí para informar al mariscal de los Carabineros del resultado de la misión.

Cuando regresé a mi casa, situada en Piazza Italia, vi que don Bernardi y Vassallo se encontraban frente al monumento a los Caídos —que está precisamente en esa plaza—, vigilados por dos soldados alemanes armados.

 

Si deseas saber más, consulta Il Triangolo, n.º 1–3 de 2009, p. 58, donde se reproduce la declaración de Vittorio Luigi Dalmasso.

Dos días después, el II Cuerpo Panzer de las SS remitió a la Heeresgruppe B su parte matutino de inteligencia sobre lo ocurrido en la zona:

Dos miembros de la “LAH” habían sido secuestrados por bandidos. El primer intento de liberarlos fracasó ante una fuerte resistencia enemiga. Una compañía reforzada pudo liberar a los hombres después de quebrar la resistencia en Boves, al sudoeste de Cuneo, y en la carretera hacia Castellar.

La población masculina de Boves había huido a las montañas llevándose armas ligeras y granadas de mano.

Las bases de abastecimiento de los bandidos en Boves y Castellar fueron incendiadas. En casi todas las casas en llamas explotó munición. Algunos bandidos fueron abatidos a tiros.

 

Botín de la operación de Boves y Castellar: un cañón de 7,65 cm destruido; dos ametralladoras pesadas y dos ametralladoras ligeras capturadas.

Si deseas saber más, consulta National Archives and Records Administration (NARA), RG 242, T354, rollo 606, frame 954, Ic-Morgenmeldung del Generalkommando II. SS-Panzerkorps, 21 de septiembre de 1943. En el documento, Banditen se ha traducido textualmente como “bandidos”; es la terminología empleada por el mando alemán.

El parte alemán presentó el regreso de los dos hombres como una liberación conseguida por la fuerza; Dalmasso, en cambio, recordó una devolución negociada.

Don Michele Pellegrino, de 27 años, era natural de Boves y párroco de Demonte. También dejó su recuerdo de aquel día:

Iba desde la fracción de Fontanelle hacia mi residencia en Cuneo cuando me vi obligado a detenerme en Boves, que estaba en agitación porque había sido ocupada por las SS alemanas.

Me dirigí a la Opera Pia monseñor Calandri y me quedé allí esperando.

Más tarde, al ver que las SS comenzaban a incendiar las casas de los alrededores y del pueblo, y pensando en la posibilidad de que también fuera incendiado el instituto, que albergaba a alrededor de un centenar de ancianos y enfermos, la superiora y yo decidimos sacar a la calle los colchones y a los propios internos.

Así formamos un cordón de ancianos y enfermos que, con sus oraciones, suplicaban a los alemanes que tuvieran piedad de ellos. Vestido con los ornamentos sagrados y llevando el Santísimo, los ayudábamos en aquella tarea.

Desde aquel lugar tuve la posibilidad de ver algunos grupos de incendiarios, formados generalmente por cuatro personas: una llevaba un lanzallamas de mano, acompañada por otra con un recipiente de líquido inflamable; una tercera tenía un lanzallamas para disparar bajo los tejados de las casas; la cuarta, por último, daba la impresión de actuar como guía.

Estos grupos de incendiarios quemaron varias casas próximas al hospicio, concretamente en la zona hacia el pueblo, pero respetaron el propio hospicio.

Al caer la tarde bajó por la carretera de Rivoira una columna de alemanes que había combatido en la zona de Risalta, en Val Colla.

Se detuvo frente al hospicio, disparó e intentó incendiar las casas cercanas, hacia el campo, pero el fuego no prendió.

Después de acomodar un poco a los ancianos y enfermos del hospicio, me dirigí enseguida al centro del pueblo. En Piazza Italia encontré a algunos jóvenes —me parece que cuatro— agonizando. Los asistí hasta el final, administrándoles los sacramentos.

Recorrí el pueblo, que estaba desierto y parecía estar todo en llamas. Encontré a una anciana fuera de sí porque su casa ardía y la llevé al hospicio. Hacia la una de la madrugada bajaron grupos de jóvenes de la montaña: querían hacer algo para detener el incendio, pero era una empresa superior a sus fuerzas y, por tanto, regresaron a la montaña.

A primera hora de la mañana, una mujer procedente de Peveragno me comunicó la muerte del sacerdote don Mario Ghibaudo y me indicó el lugar donde yacía su cadáver. Fui hasta allí y lo encontré en un charco de sangre por los disparos que había recibido en la cabeza y el cuello.

Junto a él había varios cadáveres más, de hombres jóvenes y también de cierta edad.

Poco después llegó el hermano del pobre don Mario Ghibaudo y se llevó a casa, a Borgo San Dalmazzo, el cadáver.

Si deseas saber más, consulta Il Triangolo, n.º 1–3 de 2009, pp. 58–59, donde se reproduce la declaración de don Michele Pellegrino.

Lo que se quebró en Boves fue también la confianza en que las reglas que permitían negociar entre enemigos siguieran ofreciendo protección a quienes las invocaban. Bajo la ocupación, aquellos límites podían perder su fuerza con una rapidez que dejaba muy poco margen a quienes todavía intentaban actuar dentro de ellos.

Para la población civil, la nueva guerra que comenzaba a tomar forma en Italia podía acercarse sin necesidad de que alguien hubiese decidido participar en ella. Entre las fuerzas alemanas, los militares italianos dispersos y los primeros grupos armados, pueblos enteros podían quedar atrapados en una violencia cuyo alcance todavía no podían prever.

Boves quedó en uno de esos primeros espacios inciertos. Todavía se intentaba hablar el lenguaje de la negociación mientras la ocupación comenzaba a imponer otro. La distancia entre ambos podía reducirse a unas pocas horas.

Aquella tarde, la bandera blanca regresó a Boves; detrás de ella venían los incendios.

Don Mario Ghibaudo y don Giuseppe Bernardi_edited.jpg

Don Mario Ghibaudo y don Giuseppe Bernardi. Ghibaudo era vicario parroquial y Bernardi párroco de Boves; ambos murieron durante la violencia del 19 de septiembre de 1943. (Foto: autor no identificado / Dicasterio de las Causas de los Santos).

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Joachim Peiper, comandante del III Batallón del 2.º Regimiento Panzergrenadier de las SS de la Leibstandarte durante su despliegue en la provincia de Cuneo en septiembre de 1943. El Bundesarchiv fecha este retrato aproximadamente en 1943–1944. (Foto: Kurt Alber / Bundesarchiv / Bild 183-R65485).

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