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El futuro país de destino

Kurt Salomon Maier, de espaldas y todavía con la cartera escolar, se dirige con su familia

Kurt Salomon Maier, de espaldas y todavía con la cartera escolar, se dirige con su familia hacia un vehículo policial durante la deportación de Kippenheim, el 22 de octubre de 1940. Delante avanzaba su abuelo, que apenas podía caminar y no podía cargar equipaje. (Foto: Wilhelm Fischer / Förderverein Ehemalige Synagoge Kippenheim).

En febrero de 1941, la victoria alemana sobre Francia había creado una nueva geografía de ocupación, fronteras y expulsiones. El norte del país y la costa atlántica permanecían bajo ocupación militar alemana, mientras el gobierno de Vichy administraba la llamada zona no ocupada. Aquella división también abrió una ruta por la que el régimen nazi podía arrojar fuera del Reich a quienes ya había excluido de la sociedad alemana.

Los días 22 y 23 de octubre de 1940, durante la festividad judía de Sucot, la policía detuvo sin previo aviso a miles de judíos de Baden y el Sarre-Palatinado. Las fuentes oficiales contabilizaron 6,504 personas, aunque el número real probablemente fue mayor. Las familias apenas tuvieron tiempo de reunir las pocas pertenencias que se les permitió llevar. Los convoyes recorrieron más de 1,500 kilómetros y tardaron entre tres y cuatro días en llegar al sur de Francia.

 

Las autoridades francesas fueron sorprendidas por la entrada de los trenes en la zona no ocupada. Los deportados terminaron internados, en su mayoría, en Gurs, un campo levantado en 1939 al pie de los Pirineos para recibir a refugiados de la Guerra Civil española. Sus distintos sectores estaban cercados con alambre de púas y contenían grupos de barracas. Los hombres y las mujeres permanecían separados.

Más de tres meses después, miles de judíos procedentes de Alemania continuaban internados en distintos campos de la Francia no ocupada. Entre ellos se encontraban 32 antiguos oficiales del ejército alemán recluidos en Camp Vernet, en Ariège. Habían combatido durante la Primera Guerra Mundial y algunos habían sido ascendidos dentro del ámbito de mando del mariscal de campo August von Mackensen.

Sus camaradas no judíos habían sido liberados después del armisticio, pero las autoridades francesas mantenían retenidos a los oficiales judíos mientras no recibieran la aprobación de las autoridades alemanas. Los hombres no solicitaban regresar a Alemania. Pedían reunirse con sus familias y tratar de construir una nueva vida en el extranjero.

La Ayudantía de Mackensen presentó su caso en octubre de 1940. Después de varios meses de consultas y recordatorios, el 5 de febrero de 1941 la Oficina del Jefe de la Policía de Seguridad y del SD respondió a Martin Luther, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores. La solicitud se refería a un grupo concreto; la respuesta invocó una política mucho más amplia:

El jefe de la Policía de Seguridad y del SD

IV D 6 – 1526/40

Berlín SW 11, 5 de febrero de 1941

Al Ministerio de Asuntos Exteriores

A la atención del señor Luther

Berlín W 8

Wilhelmstraße 74–76

Asunto: Consulta de la Ayudantía del mariscal de campo von Mackensen sobre el trato de los judíos internados en la Francia no ocupada que habían servido como oficiales en el ejército alemán durante la Guerra Mundial.

Referencia: escrito del 27 de noviembre de 1940, n.º D III 5305.

El internamiento de los judíos procedentes de Alemania en la Francia no ocupada se llevó a cabo por iniciativa alemana, con el objetivo de trasladarlos en conjunto al futuro país de destino, en el marco de la posterior solución global del problema judío.

No existe motivo alguno para conceder un trato excepcional a los judíos que habían servido como oficiales en el ejército alemán durante la Guerra Mundial, un trato que desde hacía mucho ya no se les concedía en el territorio del Reich.

Bajo ninguna circunstancia puede aprobarse la concesión del permiso solicitado inicialmente por los peticionarios para regresar a sus lugares de residencia como emigrantes en Bélgica y Holanda, pues se trata de territorios ocupados por tropas alemanas y el retorno de judíos a esos territorios no puede permitirse, por razones de principio, debido a la planificación de la solución global del problema judío.

Por ello, solicito que no se emprenda gestión alguna para liberar de la internación a los judíos en cuestión.

Por orden:

firmado: Heydrich

Si deseas saber más, consulta la respuesta de la Oficina del Jefe de la Policía de Seguridad y del SD al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechada el 5 de febrero de 1941. Politisches Archiv des Auswärtigen Amts, RZ 214/99225, reproducciones 112–113.

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La respuesta inmediata se refería a los antiguos oficiales internados en Camp Vernet. Sin embargo, su primer párrafo extendía el razonamiento a los judíos procedentes de Alemania recluidos en toda la Francia no ocupada. Su antiguo servicio militar no justificaría excepción alguna, no se permitiría su regreso a territorios bajo ocupación alemana y tampoco debía gestionarse su liberación.

En febrero de 1941, la expresión “solución global del problema judío” todavía no poseía el significado preciso que adquiriría más adelante. Los organismos del Reich continuaban considerando proyectos de expulsión territorial, entre ellos el traslado de la población judía europea a Madagascar, entonces colonia francesa.

Camp Vernet no era el único lugar donde aquella política mantenía a personas detrás del alambre de púas. Seis días después de la respuesta enviada a Luther, Karl Traumann escribió a su sobrino Ernst desde el sector E, barraca 21, del campo de Gurs:

Karl Traumann

Campo de Gurs (Basses-Pyrénées)

Sector E, barraca 21

11 de febrero de 1941

Mi querido Ernst:

 

Tu querida carta del 22 de enero llegó a mis manos el 8 de febrero y me alegré mucho de tener noticias tuyas. Ante todo, mis más sinceras felicitaciones por haber aprobado el examen. Tu intención de dedicarte a la agricultura es muy sensata. ¿Quieres marcharte a un país de ultramar después de la guerra? Por el momento, probablemente permanecerás en Suiza. ¿Vas a formarte teóricamente en una escuela agrícola?

Ahora quiero contarte brevemente sobre mí. La mañana del 22 de octubre de 1940, dos agentes de policía me ordenaron que hiciera las maletas en un plazo de dos horas y que abandonara Baden. Estuvimos entonces tres días de viaje, hasta que el 25 de octubre llegamos aquí, donde desde entonces malvivimos en barracas detrás de alambre de púas, en distintos sectores, los hombres separados de las mujeres.

Los periódicos suizos seguramente te habrán informado con mayor detalle sobre nuestras condiciones de vida. Todos los martes se celebra un servicio religioso para los protestantes, oficiado por el pastor de la cercana ciudad de Oloron; los domingos por la tarde hay estudio bíblico, casi siempre en una barraca donde viven tres damas francesas que han venido aquí para atender a los protestantes. Entre los internos del campo, incluidos los alemanes llegados de Bélgica, habrá unos 350 protestantes.

En nuestro sector solo estamos mi primo Wilhelm Traumann, que también procede de Heidelberg, y yo. Nos mantenemos muy unidos y contamos además con varias personas instruidas, con las que recientemente hemos formado una asociación —unas 25 personas— para organizar conferencias. También hay aquí una biblioteca. Pero hasta ahora hay pocas oportunidades para leer y escribir, porque durante el día la lúgubre barraca permanece a oscuras. Hoy es un día templado de primavera y puedo sentarme junto a la puerta abierta.

Muchas gracias por tu amable ofrecimiento de enviarme algo de dinero; lo aceptaré con gusto. También escribiré a Basilea. Por favor, comunícame asimismo la dirección de la tía Rosa y cuéntame cómo marchan las cosas en Múnich.

Con todo cariño,

Tu tío Karl

Si deseas saber más, visita la exposición digital German Jews in a French internment camp: Gurs [Judíos alemanes en un campo de internamiento francés: Gurs], de The Wiener Holocaust Library. Carta de Karl Traumann a Ernst, 11 de febrero de 1941, WL Collection 1136/2.

Entre los dos documentos solo mediaban seis días. En Berlín, el servicio militar de los antiguos oficiales judíos fue descartado como motivo para cualquier excepción, y su liberación quedó expresamente excluida. En Gurs, uno de los internados escribía sobre un primo, un sobrino, una tía, una biblioteca y un pequeño grupo que organizaba conferencias dentro del campo.

El “futuro país de destino” seguía sin tener un lugar definido. El presente de Karl Traumann, en cambio, indicaba una dirección exacta: sector E, barraca 21. Las decisiones se discutían en Berlín; la espera transcurría al pie de los Pirineos.

Aquel 11 de febrero fue un día templado, con aire de primavera, y Traumann pudo sentarse junto a la puerta abierta. La puerta dejaba entrar suficiente luz para escribir. Más allá permanecía el alambre de púas.

Grupo de internos judíos ante una de las barracas del campo de Gurs..jpg

Grupo de internos judíos ante una de las barracas del campo de Gurs. La fotografía pertenece a la familia de Samuel Liebermensch, quien aparece en el centro del grupo. (Foto: United States Holocaust Memorial Museum, n.º 80148 / cortesía de Ruth Liebermensch Pfifferling Knox).

Vista del campo de Gurs desde la torre de agua, entre 1940 y 1941..jpg

Vista del campo de Gurs desde la torre de agua, entre 1940 y 1941. Las hileras de barracas estaban distribuidas en sectores cercados dentro del recinto. (Foto: United States Holocaust Memorial Museum, n.º 03100 / cortesía de Hanna Meyer-Moses).

Carta de Karl Traumann a su sobrino Ernst, escrita desde el sector E, barraca 21, del camp

Carta de Karl Traumann a su sobrino Ernst, escrita desde el sector E, barraca 21, del campo de Gurs, el 11 de febrero de 1941. En ella relató su expulsión de Baden, el viaje de tres días y algunos aspectos de la vida cotidiana detrás del alambre de púas. (Foto: The Wiener Holocaust Library, WL Collection 1136/2).

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