top of page

Los alemanes llegan a las puertas de Varsovia

Varsovia durante los bombardeos de septiembre de 1939.jpg

Varsovia tras los bombardeos alemanes de septiembre de 1939. Para cuando las fuerzas acorazadas alemanas alcanzaron los suburbios occidentales, la población civil ya vivía entre alarmas aéreas, destrucción, escasez e incertidumbre.

El 8 de septiembre de 1939, las avanzadas acorazadas alemanas llegaron a los accesos occidentales de Varsovia. La capital polaca no cayó aquel día, pero la guerra dejó de ser una amenaza distante: los tanques alemanes ya habían alcanzado las áreas periféricas de la ciudad.


En las carreteras hacia el Vístula, los oficiales alemanes observaban una escena de retirada, abandono y agotamiento. La mirada alemana, sin embargo, debe leerse con cautela: no era una descripción neutral del sufrimiento polaco, sino la percepción de los invasores al avanzar por un país desbordado por la velocidad de la ofensiva.

 

Uno de esos observadores fue Johann Adolf Graf von Kielmansegg, oficial de Estado Mayor de la 1ª División Panzer. Su testimonio, describe el camino hacia el Vístula como una carretera cubierta de equipo abandonado, animales, alimentos, munición y restos de una retirada caótica:

La carretera está sembrada de todo tipo de equipo abandonado, incluidos cascos de acero, mochilas, abrigos y máscaras antigás. Grandes cantidades de munición, suelta o empacada en cajas, han sido arrojadas fuera de los vehículos. A veces tenemos que detenernos para despejar la carretera de todo este material y poder continuar.


Cuanto más nos acercamos al Vístula, más vehículos quedan abandonados en el camino, especialmente cocinas de campaña y carros de campesinos cargados con toda clase de cosas. La mayoría de los caballos no han sido desenganchados y han arrastrado los carros hacia los campos para pastar. Entre sacos rotos de arroz y harina hay un estuche médico abierto con valioso instrumental quirúrgico. Panes por cientos, innumerables cubos marrones de café molido, todo cubierto de polvo y suciedad, en su mayoría aplastado por los vehículos que pasan sobre ellos: es imposible dar siquiera una ligera idea con palabras de esta carretera polaca de huida.

Si deseas saber más, busca el título Panzer zwischen Warschau und Atlantik  [Tanques entre Varsovia y el Atlántico], de Johann Adolf Graf von Kielmansegg.

El testimonio de Kielmansegg transmite la impresión alemana de una retirada polaca en descomposición. Pero esa imagen debe matizarse: lo que el oficial alemán interpretaba como “huida” era también el resultado de una ofensiva mecanizada que había roto las comunicaciones, saturado los caminos y empujado hacia el este a soldados, civiles, animales y vehículos.

Mientras esas columnas avanzaban por las carreteras, en Berlín la noticia de la llegada a Varsovia se convertía en comunicado oficial:

El Alto Mando alemán anuncia que a las cinco y quince de la tarde de hoy las tropas alemanas llegaron a Varsovia. La radio transmitió la noticia a las siete y quince de la noche. Inmediatamente después, una banda tocó Deutschland über Alles y la canción de Horst Wessel. Incluso nuestros agregados militares quedaron atónitos ante la noticia.

Esta noche no hubo júbilo desbordado en las calles de Berlín. En el metro, mientras iba hacia el estudio de radio, noté la extraña indiferencia de la gente ante la gran noticia. Y mientras Polonia está siendo arrollada, todavía no se ha disparado un tiro —eso dicen los alemanes— en el frente occidental.

La primera persona ejecutada bajo el decreto de ayer —Himmler no perdió tiempo— es un tal Johann Heinen, de Dessau. Fue fusilado, se anunció, “por negarse a participar en labores defensivas”.

 

NBC y Mutual han suspendido sus transmisiones europeas. Ed Klauber cablegrafió que nosotros continuaremos solos. Fuimos listos al formar un equipo de reporteros de radio estadounidenses. Llegué temprano a casa esta noche, a la una de la mañana, por primera vez desde que empezó la guerra, y por una vez podré dormir una noche. Escuché a Ed transmitiendo desde Londres esta noche. Sonaba muerto de cansancio, como yo, después de estar al aire, día y noche, prácticamente sin dormir durante un mes.

Si deseas saber más, busca el título Berlin Diary [Diario de Berlín], de William L. Shirer.

​​

Shirer no vio los tanques frente a Varsovia. Su valor está en otra parte: registró cómo el régimen alemán convirtió la noticia en propaganda, en himnos y en un anuncio de victoria. Pero también observó algo menos esperado: la ausencia de entusiasmo popular. Berlín sabía que las tropas alemanas habían llegado a Varsovia, pero la ciudad no estallaba en celebración.

En Varsovia, mientras tanto, la experiencia era radicalmente distinta. Allí la guerra no era una transmisión de radio ni un parte militar, sino hambre, miedo, evacuación, rumores y alarmas aéreas. Las entradas de Kaplan que rodean esta jornada —del 7 y del 9 de septiembre— permiten ver cómo la llegada alemana a los accesos de Varsovia fue vivida desde dentro de la ciudad:

7 de septiembre de 1939

El enemigo está a las puertas de Varsovia, y somos una ciudad sitiada. Las masas tienen un ojo que ve y un oído que oye. Yo también lo percibí en la oscuridad de la noche. La ventana de mi dormitorio da hacia la calle Karmelicka, y aunque estaba hundido en el sueño, las voces y el ruido de los transeúntes llegaron a mis oídos. Me levanté, miré por la ventana y supe de inmediato que el gobierno estaba huyendo.

​​

Hoy el gobierno huyó a Lublin y no dejó ni siquiera una sombra de administración en una ciudad de un millón trescientos mil habitantes.

¡No hay pan! Se formaban largas filas de varios cientos de personas para conseguir una hogaza. Los gritos subían hasta el corazón de los cielos. La bestia que hay en el hombre salió a la superficie, pues las multitudes hambrientas son capaces de toda clase de violencia. Un hombre golpeó a su vecino en el costado y en el hombro, y no había policía que mantuviera el orden. Quien lograba, después de mucho esfuerzo y trabajo, apoderarse de una hogaza de pan —que no era sino un pedazo de masa— se sentía afortunado, y su alegría no conocía límites. Esta escena despertó en mí repulsión y compasión por los desdichados.

 

Cuando se oye la alarma aérea, las calles se vacían de inmediato y reina un silencio terrible. Los ecos de las bombas arrojadas por los aviones del enemigo son respondidos por los latidos de nuestros corazones dolientes y angustiados. Son momentos horribles. Uno se prepara para encontrar la muerte. Es llevado por las alas de su imaginación enferma, como si el techo ya cayera sobre su cabeza y ni siquiera pudiera tener el privilegio de ver a sus seres más queridos antes de morir. Las mujeres lloran y se desmayan. Judíos atemorizados recitan los Salmos, y los herejes aceptan su juicio. No, ¡esto no es vida!

 

La vida se ha salido de su curso recto y se aleja cada vez más. Pasará mucho, mucho tiempo antes de que nuestras vidas recuperen la normalidad.

9 de septiembre de 1939

En mi estado psicológico me cuesta sostener la pluma en la mano, y mi pluma no es la adecuada para describir lo que nos ocurrió anoche. Hemos visto la muerte cara a cara, e incluso los fuertes de corazón y los valientes de espíritu fueron presa del temblor al percibir que no había sino un paso entre la vida y la destrucción. ¡La cosa es maravillosa! En tiempos de peligro, todos se aferran a la vida y no quieren separarse de ella. Ninguno de ellos, ni siquiera los ancianos, los enfermos y las personas que conocen la pobreza y soportan sufrimientos, quiere abandonar el mundo por una bomba de los soldados de Hitler. A mis ojos, en esto quizá reside toda su tragedia.

El enemigo está a las puertas, y envía sus ángeles de muerte para proclamar su llegada. Hay que admitir que las bombas no se están arrojando deliberadamente para dañar a los habitantes pacíficos. Hitler mantuvo su palabra. Y no se están usando bombas de gas, de modo que todos los preparativos para ellas fueron superfluos. Pero nuestros tormentos por las bombas que dirige contra objetivos militares en la ciudad están afectando barrios residenciales.

 

En mi hermoso apartamento del primer piso, unos cuantos vecinos aterrorizados y presos del pánico se reunieron entre los residentes del patio cuyas viviendas están en pisos más altos, y que por ello corren mayor peligro. Y entonces, de repente, ¡el trueno! Corrimos escaleras abajo hacia el sótano, aunque podríamos ser enterrados vivos allí si las paredes se derrumbaban. Fue una escena desgarradora.

 

La defensa de Varsovia ha sido entregada al general polaco Czuma, y él se está fortificando dentro de la ciudad. Bueno, ¿y dónde estaremos nosotros? ¡En los sótanos! Cuando pienso en esta guerra, me estremezco. Nuestros sacrificios alcanzarán las decenas de miles.

 

Varsovia será convertida en un segundo Madrid

Si deseas saber más, busca el título Scroll of Agony [Pergamino de agonía], de Chaim A. Kaplan.

El 8 de septiembre de 1939, Varsovia quedó en el umbral de su tragedia.

Para los oficiales alemanes, las carreteras hacia el Vístula parecían confirmar el éxito de la Blitzkrieg: equipo abandonado, caminos saturados, puentes destruidos y una retirada que los invasores interpretaron como colapso. Para Berlín, la llegada a Varsovia se convirtió en un comunicado, en himnos y en propaganda. Para los habitantes de la capital polaca, en cambio, significó algo mucho más concreto: pan que faltaba, el gobierno que abandonaba la ciudad, alarmas aéreas, sótanos, vecinos aterrorizados y barricadas bajo los balcones.

La ciudad no cayó aquel día. Los tanques llegaron a sus puertas, pero no pudieron atravesarlas. El 8 de septiembre no fue la rendición de Varsovia: fue el inicio de su defensa terrestre.

 

Varsovia empezaba a resistir.

Civiles en Varsovia durante el asedio de septiembre de 1939..jpg

Civiles en una calle de Varsovia en septiembre de 1939. En esos días, diarios como el de Chaim A. Kaplan describían una ciudad marcada por la falta de pan, los rumores, las alarmas aéreas y el temor ante la llegada de los alemanes.

Tropas alemanas durante la invasión de Polonia, septiembre de 1939. El 8 de septiembre, unidades acorazadas alemanas alcanzaron los accesos occidentales de Varsovia, aunque la capital polaca no cayó ese día.

Civiles entre las ruinas de Varsovia después de los bombardeos alemanes de septiembre de 1

Civiles entre las ruinas de Varsovia tras los bombardeos alemanes de septiembre de 1939. La llegada de las fuerzas alemanas a los accesos occidentales abrió una nueva fase: la capital pasó de sufrir ataques aéreos a prepararse para una defensa terrestre prolongada.

bottom of page