Desde principios de 1942, la posición militar de Italia se había vuelto insostenible. La situación económica en toda Italia estaba afectada severamente por la guerra. Las fábricas estaban prácticamente paralizadas por falta de materias primas, como el carbón y el petróleo. Además, había una escasez crónica de víveres y cualquier alimento disponible se vendía a precios casi confiscatorios.

 

La máquina de propaganda de Mussolini, una vez omnipresente, empezaba a perder control sobre la nación italiana. El conde Galeazzo Ciano, ministro de Relaciones Exteriores de la Italia fascista, escribió en su diario al respecto:

Escasez crónica de alimentos en Italia

La visita del Duce a una base naval para condecorar a las tripulaciones que participaron en la batalla de Pantelleria y el Mediterráneo Oriental, el 25 de junio 1942. El Duce, acompañado por el secretario del partido, pasa revista a un contingente de pilotos alemanes.

9 de junio de 1942

 

Nuestra inteligencia militar ha descubierto un centro de espionaje en la embajada alemana. El doctor Sauer, un agregado cultural, ya ha sido arrestado y ha confesado. Dejó muy claro que no había actuado por dinero sino por el odio al nazismo y el fascismo. Proporcionó información de carácter militar al agregado militar suizo. Parece ser que un coronel alemán, un asistente de von Rintelen, está mezclado en el asunto. El Duce comento amargamente sobre la situación y teme que pueda dañar la posición de Mackensen, el embajador. Bismarck, quien ha conversado sobre el tema con d’Aieta, no le atribuyó mucha importancia a lo que ha sucedido. Dice que Saucer es un pederasta y que ha sido inducido por su vicio para cometer esta seria ofensa.

 

En lo que se refiere a Mussolini, los periódicos han intentado, por algunos días, mostrar que durante la Primera Guerra Mundial, la situación de los alimentos en el país era peor de lo que es en la actualidad. Es una forma de propaganda que produce un efecto contrario a lo que se pretendía. Todos vivíamos en aquel entonces y las memorias están aún frescas para aceptar estas declaraciones. De hecho, Pavolini me ha dicho que el Duce se queja que los periodistas no saben cómo llevar eficientemente esta campaña. Los hechos son que todos aquellos a quienes Pavolini ha ido se han negado a escribir lo que se les solicitó.

Si deseas saber más, lee “The Ciano Diaries 1939-1943” [Los diarios de Ciano, 1939-1943], editado por Hugh Gibson.

Un soldado italiano con un lanzallamas, en el Norte de África, 1942.

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