El último combate del U-161

El U-161 visto desde la escotilla del túnel del PBM Mariner 74-P-2 inmediatamente después del segundo ataque, mientras disminuye el rocío levantado por las cargas de profundidad, 27 de septiembre de 1943. (Foto: U.S. Navy / Naval History and Heritage Command / vía Wikimedia Commons)
En septiembre de 1943, el Atlántico Sur seguía siendo un espacio de guerra activa. Desde las bases instaladas en Brasil, la aviación estadounidense extendía sus patrullas sobre las rutas que recorrían los submarinos alemanes entre el Atlántico central y las costas sudamericanas. Radar, radiogoniometría y aviones de gran autonomía reducían progresivamente las extensiones de océano en las que un U-Boot podía permanecer en superficie sin ser observado.
El U-161 era uno de los submarinos alemanes de largo alcance que todavía operaban en aquellas aguas. Al mando del Kapitänleutnant Albrecht Achilles, había salido de Lorient el 8 de agosto y, antes de dirigirse al Atlántico Sur, se había reunido con el submarino japonés I-8 para transferirle un oficial alemán, dos suboficiales radiotelegrafistas y un detector de radar. Después continuó hacia las aguas brasileñas.
Allí volvió a atacar el tráfico mercante. El 20 de septiembre hundió al vapor británico St. Usk. Su capitán, George Henry Moss, terminó prisionero a bordo del submarino. El 26 de septiembre, el U-161 hundió también al vapor brasileño Itapagé.
Desde Aratu, en Brasil, los PBM Mariner del Escuadrón de Patrulla VP-74 participaban en la búsqueda de submarinos en aquella zona del Atlántico. En la mañana del 27 de septiembre, uno de esos aviones, el 74-P-2, estaba al mando del teniente junior Harry B. Patterson, quien relató aquella patrulla así:
El 74-P-2 realizaba un barrido de barrera en las cercanías de una posición obtenida la noche anterior por radiogoniometría. A las 10:50, el operador de radar, Bealer, informó de un buque con una demora de 8° a babor, a una distancia de 38 millas. El avión llevaba rumbo verdadero 091°, velocidad de 110 nudos y altitud de 4.500 pies.
Al cerrar la distancia, el segundo piloto avistó por primera vez la estela de un submarino a unas 10 millas directamente por delante. Su rumbo cruzaba el nuestro en ángulo recto y se dirigía hacia nuestra derecha. Ocupamos los puestos de combate, aumentamos inmediatamente la velocidad e iniciamos un viraje poco pronunciado hacia la izquierda para aprovechar el sol y colocarnos en posición para un ataque por la popa. No había nubes en la zona.
Creo que nos avistaron en ese momento. A unas 7 u 8 millas de distancia, el submarino abrió fuego mientras viraba a la izquierda, aparentemente intentando hacer entrar en acción contra nosotros sus cañones de popa. Esto resultaba desconcertante, ya que en el pasado los submarinos solían virar para presentar el costado. Los proyectiles se quedaban cortos, dejando nubes blancas en línea a través de nuestro rumbo.
Cuando entramos en alcance, a unas 3 o 4 millas, pudieron verse algunas grandes nubes marrones. Los artilleros eran muy precisos y las explosiones hacían que el aire se volviera muy turbulento. Nuestro artillero de proa abrió fuego a unas 3.000 yardas; los disparos se quedaban cortos, pero iban alcanzando el blanco conforme se reducía la distancia.
El teniente junior Fergerson, copiloto, lanzó una serie de seis cargas de profundidad Mk 44 cargadas con Torpex mientras yo pasaba sobre la torre de mando, o apenas por delante de ella, entrando desde la aleta de babor del submarino, a unos 20° respecto de la popa, a una altitud de entre 75 y 100 pies y una velocidad de 185 nudos. Hice un viraje cerrado a la izquierda.
El submarino parecía estar saliendo de la zona de agua agitada por las explosiones, cuya mayor parte parecía quedar a estribor de su trayectoria. Comenzó a virar a estribor. Cuando el avión quedó al través del submarino, este abrió fuego de nuevo; los proyectiles estallaban por nuestro lado de babor.
Después de alcanzar los 800 pies de altitud, di órdenes de prepararse y comencé el segundo ataque. Durante esta pasada, el fuego fue más intenso y preciso.
Fuimos alcanzados justo por delante de la puerta de la cocina de a bordo por un proyectil que explotó al impactar. El alférez Brett salía del compartimento de bombas después de haber reajustado el intervalómetro. Resultó gravemente herido por la metralla y por fragmentos de aluminio arrancados por el impacto, al igual que el radiotelegrafista Bealer. En ese momento yo no sabía que Bealer había sido alcanzado, ni dónde ni hasta qué punto estaba dañado el avión.
El teniente junior Fergerson lanzó las dos cargas restantes y el avión pasó directamente sobre el objetivo, de popa a proa, a unos 165 nudos y una altitud de 160 pies. Inmediatamente gané altura, pues creía posible que mis motores o los tanques de combustible hubieran sufrido daños.
El alférez Larson, navegante, llevó al alférez Brett hacia popa, hasta una litera, donde Karsen le prestó primeros auxilios. Bealer seguía transmitiendo M.O.
El mecánico de vuelo informó de que habíamos sido alcanzados en varios puntos y de que la línea del inversor había quedado cortada, dejando fuera de servicio nuestros instrumentos eléctricos. Justo antes de alcanzar los 2.500 pies, donde nivelé el avión, miré hacia atrás y observé que Bealer estaba herido en la pierna derecha. Seguía en su puesto, ayudando al alférez Larson con el informe complementario, sin haber informado en ningún momento de que lo habían alcanzado.
Después de comprobar las heridas del alférez Brett y los daños del avión, comprendí que Brett necesitaba atención médica con urgencia. Aunque para entonces estábamos fuera de alcance, el submarino continuaba disparando sin interrupción.
Después del segundo ataque maniobró de forma errática y su velocidad se redujo notablemente. Luego se estabilizó en un rumbo verdadero de 140° y se sumergió a las 11:22, hora P. Volé sobre el remolino, dejé caer un marcador de carga de profundidad y después puse rumbo a la base.
Si deseas saber más, visita U-Boat Archive, sección “U-161 – ASW-6”.
De regreso en Aratu, las fotografías tomadas durante el encuentro y el informe de la tripulación pasaron a manos del mando del escuadrón.
G. C. Merrick, comandante del VP-74, examinó ese material y consignó sus observaciones:
Se efectuaron dos ataques frente al fuego antiaéreo más intenso encontrado hasta entonces. Aunque no produjeron un hundimiento, se obtuvo información valiosa de las fotografías tomadas, de las observaciones de los pilotos y de la tripulación, y también de los supervivientes del mercante St. Usk, hundido por este submarino o por otro similar. Como era el primer submarino de este tipo, con una montura adicional a popa, visto en esta zona, la siguiente información resulta de interés:
Los contactos de radar se están obteniendo a distancias cada vez mayores; este contacto se consiguió a 38 millas. Se estimó que el submarino desplazaba 1.200 toneladas. El capitán del St. Usk declaró que la torre de mando medía 36 pies de largo —por comparación con su bote salvavidas de 28½ pies—. El armamento consiste en un cañón de 4,1 pulgadas a proa de la torre de mando, dos cañones de 37 mm en la plataforma delantera de la torre de mando y una montura cuádruple de 20 mm en la plataforma de popa.
La mejor defensa del submarino consiste en presentar la popa al avión —como hizo— y hacer entrar en acción seis cañones. Si el tiempo lo permite, los ataques deberían efectuarse de proa a popa. La segunda opción es un ataque por el través, especialmente con mar gruesa. Si hay dos aviones presentes, el situado a popa debe ametrallar y atraer el fuego del submarino, mientras el otro efectúa su pasada desde proa.
Dos impactos de 37 mm en el avión causaron más daños que numerosos impactos de 20 mm. Los cañones eran controlados manualmente. Los supervivientes declararon que la montura cuádruple de 20 mm de popa tenía dos escudos laterales que se abrían cuando entraba en acción. Estos protegían a los dos servidores encargados de la elevación y el giro. Antes de sumergirse, los escudos se plegaban y las cajas de munición se bajaban al interior. También declararon que, mientras el cañón de 4,1 pulgadas estaba oxidado, la montura cuádruple estaba brillante y mostraba un mantenimiento impecable.
…
Quienes vieron las explosiones coincidieron en que las primeras seis cargas de profundidad cayeron ligeramente a estribor, desde la torre de mando hasta la popa. Las dos siguientes cayeron por la aleta de estribor y se creyó que habían caído lo bastante cerca para causar daños en la popa del submarino.
Como ya se ha señalado, los ataques fueron efectuados frente al fuego antiaéreo más intenso encontrado hasta entonces. Se llevaron a cabo con valor. Merecen especial reconocimiento el piloto y el radiotelegrafista; este último, aunque estaba herido, continuó transmitiendo mensajes y M.O. hasta que fue relevado.
Si deseas saber más, visita U-Boat Archive, sección “U-161 – ASW-6”. La reconstrucción histórica posterior atribuye al ataque del 74-P-2 la pérdida del U-161 el 27 de septiembre.
Entre los cuatro hombres llevados al U-161 para ser interrogados después del hundimiento del St. Usk se encontraba George Henry Moss, capitán del mercante. Moss no vestía uniforme y no había revelado su cargo. Cuando Achilles comunicó que retendría como prisioneros a dos de los oficiales más jóvenes, Moss se identificó como capitán. Escribió un mensaje para su esposa, se lo entregó al primer oficial y fue llevado al interior del submarino por la torre de mando. Los otros tres hombres pudieron regresar a los botes salvavidas; Moss permaneció a bordo. La pérdida del U-161 no dejó supervivientes entre sus 53 tripulantes; Moss, prisionero a bordo, tampoco sobrevivió.
El comentario de Merrick tenía ya la vista puesta en la próxima salida. Lo ocurrido con el 74-P-2 podía dejar instrucciones detrás de sí: una experiencia que otros aviadores no tendrían que aprender por primera vez bajo el fuego enemigo.
Con Moss ocurría algo distinto. Identificarse como capitán había permitido que los otros hombres regresaran a los botes, pero lo había dejado a él dentro del U-161. Aquella decisión pertenecía al hundimiento del St. Usk; su consecuencia alcanzó el combate del 27 de septiembre.
Ese día, Patterson y sus hombres encontraron al U-161 en el Atlántico. George Henry Moss estaba allí por una razón más sencilla: había dicho que el capitán del St. Usk era él.

El PBM Mariner 74-P-2 es llevado por la rampa de Aratu después de regresar del ataque al U-161. El agua sale por perforaciones producidas por el fuego antiaéreo del submarino. (Foto: U.S. Navy / vía U-Boat Archive)

Orificio de salida en el costado de babor del PBM Mariner 74-P-2, causado por la metralla del proyectil explosivo que impactó justo por delante de la puerta de la cocina de a bordo. (Foto: U.S. Navy / vía U-Boat Archive)

El alférez Brett es evacuado del PBM Mariner 74-P-2 después de su regreso a Aratu el 27 de septiembre de 1943. Había resultado gravemente herido durante el segundo ataque al U-161. (Foto: U.S. Navy / vía U-Boat Archive)

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