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La tripulación del Tiger 314 del schwere Panzer Abteilung 502 se prepara para tomar un muy

Tripulación del Tiger 314, de la schwere Panzer-Abteilung 502, durante un descanso cerca del lago Ládoga, agosto de 1943. (Foto: Bundesarchiv / Zantner).

La Ofensiva Mga, también conocida como la Tercera Batalla del Lago Ladoga, fue una operación soviética llevada a cabo entre julio y septiembre de 1943. Su objetivo era ampliar y asegurar el corredor terrestre abierto hacia Leningrado meses antes, durante la Operación Iskra, y romper la presión alemana sobre la ruta ferroviaria que debía comunicar la ciudad sitiada con el resto de la Unión Soviética. Para ello, el Ejército Rojo debía desalojar a los alemanes de la zona de Mga y de las alturas de Sinyavino, desde donde la artillería alemana aún amenazaba las comunicaciones soviéticas.

Desde finales de julio de 1943, antes de que el sol apareciera sobre el horizonte oriental, el cielo entre el río Neva y Chernaya comenzó a teñirse de rojo. El fuego preparatorio de innumerables baterías soviéticas abrió la jornada en torno a Leningrado. Proyectiles de todos los calibres volvieron a estrellarse contra el terreno, destrozando caminos, búnkeres, chozas y casas de campo. Sobre el frente, cazas y aviones de asalto soviéticos se lanzaban contra las posiciones alemanas. Había comenzado una nueva fase de la lucha por Ladoga.

El objetivo de los mandos soviéticos era quebrar el frente alemán en las alturas de Sinyavino y avanzar hacia Mga, para asegurar una conexión más fiable con Leningrado. El ataque fue llevado a cabo principalmente por el 67º Ejército del Frente de Leningrado y el 8º Ejército del Frente del Vóljov contra las posiciones del 18º Ejército alemán del Grupo de Ejércitos Norte. Sin embargo, pese a la superioridad numérica soviética, el terreno pantanoso, las fortificaciones alemanas y los contraataques impidieron una ruptura decisiva.

A mediados de agosto, el Ejército Rojo incorporó nuevas fuerzas al combate. Varias divisiones de fusileros renovaron el asalto contra las alturas de Sinyavino desde el norte y el este. Las pocas divisiones alemanas que llevaban semanas resistiendo estaban exhaustas, pero aun así lograron sostener la línea. Los soviéticos conquistaron terreno limitado y algunas posiciones importantes, pero no alcanzaron el objetivo principal: romper por completo el frente alemán.

Gottlob Herbert Bidermann, que entonces combatía en los bosques alrededor de Leningrado, recordaría una broma amarga que circulaba entre los soldados alemanes del Frente Oriental. Detrás del humor se escondía una realidad cada vez más evidente: los veteranos de infantería, los eternos gefreiters, sostenían un frente que ya no se parecía a la guerra móvil de 1941, sino a una lucha de desgaste, agotamiento y supervivencia… Ver Más

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