Una bomba guiada atraviesa el Savannah

El USS Savannah recibe el impacto de una bomba guiada alemana frente a Salerno, el 11 de septiembre de 1943. El proyectil alcanzó el techo de la torre n.º 3, penetró profundamente en el casco y explotó bajo las cubiertas. Una lancha torpedera pasa en primer plano. (Foto: Naval Historical Foundation, colección del almirante H. Kent Hewett / Naval History and Heritage Command, NH 95562).
Para la mañana del 11 de septiembre de 1943, el desembarco de Salerno había dejado atrás su primera impresión de éxito. El V Ejército había asegurado las playas, pero todavía no dominaba las alturas desde las que las fuerzas alemanas observaban sus movimientos, desplazaban artillería y organizaban contraataques.
En el norte, el X Cuerpo británico encontraba una resistencia creciente en la dirección de Nápoles. Al sur del río Sele, el VI Cuerpo estadounidense había avanzado tierra adentro, pero entre ambos sectores seguía existiendo una separación peligrosa. En torno a Battipaglia, Altavilla, Persano y el Ponte Sele, los movimientos aliados comenzaban a tropezar con una defensa alemana más firme.
Los buques del golfo sostenían a las tropas con sus cañones. Entre ellos estaba el crucero ligero USS Savannah, cuyos cañones de 152 milímetros habían estado disparando contra posiciones alemanas desde el comienzo de la Operación Avalanche. Su presencia cerca de la costa lo convertía también en un blanco visible para la aviación enemiga.
La Luftwaffe había introducido sobre Salerno un arma que muchos marineros apenas comenzaban a comprender: una gran bomba perforante cuya trayectoria podía corregirse por radio desde el avión que la había lanzado. El 11 de septiembre, una de esas bombas descendió hacia los buques que se encontraban frente a la cabeza de playa.
El teniente general Mark W. Clark, comandante del V Ejército, había bajado a tierra el 10 de septiembre para inspeccionar los sectores británico y estadounidense. A la mañana siguiente se preparaba para desembarcar de nuevo desde el buque de mando Ancon:
Al día siguiente, mientras me preparaba para desembarcar de nuevo, el crucero Savannah pasó a unas doscientas yardas del Ancon. Yo estaba en el puente del Ancon y me había detenido a observar el crucero cuando escuchamos un terrible sonido estridente que indicaba la aproximación de un nuevo tipo de bomba alemana.
Aunque no podíamos ver ningún avión, habíamos oído aquellas bombas el día anterior y creíamos, correctamente, que estaban controladas por radio. En esta ocasión, a medida que el ruido se hacía más fuerte, parecía dirigirse directamente hacia el Ancon.
No tengo duda de que en realidad apuntaba hacia nuestro buque insignia, fácilmente identificable, pero no había mucho que pudiéramos hacer salvo esperar. Entonces, en el último momento, alcanzó al Savannah justo delante de su puente, con un estruendo tremendo.
El proyectil atravesó la cubierta del crucero y explotó debajo, lanzando llamas a gran altura y causando varios centenares de bajas a bordo.
Si deseas saber más, lee Calculated Risk [Riesgo calculado], de Mark W. Clark, capítulo “Salerno: A Near Disaster”.
Desde el Ancon, Clark había visto el impacto y las llamas. Dentro del Savannah, el ataque quedó registrado como una sucesión de horas, averías, incendios y órdenes. Warren W. Hahn, escribiente naval de 1.ª clase, preparó el relato general del zafarrancho:
0944 — Se ordenó máxima velocidad. Recibimos un impacto directo en la torre n.º 3; se desconocen los daños y las bajas. El fuego comenzó de inmediato y las balsas salvavidas situadas sobre la torre ardieron. En varios puntos está saliendo personal por las escotillas.
El capitán ordenó inundar las cámaras de manipulación y los pañoles de proa. La Central de Control y todas las demás estaciones de proa no responden por los teléfonos de combate. Virábamos a babor cuando fuimos alcanzados.
Se vio al avión lanzar lo que parecía una bomba de tipo cohete. La bomba atravesó la torre n.º 3 justo sobre el cañón central; se informa que rozó el cañón central, golpeó el izquierdo y continuó descendiendo por la barbeta. Sale humo de la torre n.º 2. Se tocó zafarrancho de incendio.
0950 — Comenzamos a recuperar la presión de agua. Toda la energía eléctrica se interrumpió durante un par de minutos. Se perdió el gobierno desde la parte delantera del buque.
El puesto de gobierno de popa ha asumido el control y maniobra el buque para evitar chocar con dos transportes que aparecen en nuestro rumbo inmediato. Los equipos de reparación y contraincendios están poniéndose a trabajar con rapidez y orden para salvar el buque. Todas las conexiones de mangueras y todo el equipo contra incendios se están utilizando tan deprisa como es posible.
El capitán dice que sigamos trabajando, que vamos a salvar el buque. El castillo de proa está ahora cubierto de mangueras, muchas mangueras y bombas por todas partes.
1000 — Muchos hombres están siendo sacados de todas las torres. A algunos se les practica la respiración artificial de inmediato, mientras que otros, aparentemente muertos, son llevados hacia popa.
1008 — Se produce una explosión en la torre n.º 3. Resultan heridos más hombres que trabajaban allí combatiendo el incendio. La explosión arroja a los hombres fuera de la torre y vuelve a esparcir restos por todo el castillo de proa. Muchos hombres han sido vencidos por los gases.
La presión de agua aumenta y se obtienen mejores resultados. Los hombres que estaban sobre la torre y cerca de su puerta han regresado a sus puestos o han sido retirados. Se está introduciendo una manguera en la torre a través de la boca de uno de los cañones.
1121 — El buque ha dejado de aumentar su escora y está volviendo a adrizarse; la escora es ahora de tres grados y medio a babor.
1247 — Comenzamos a achicar el agua de los compartimientos.
1307 — Se informa que los cuatro radiotelegrafistas siguen con vida, pero atrapados en la cámara de radio de emergencia. Se está haciendo todo lo posible para ayudarlos hasta que puedan ser rescatados.
1326 — Ya tenemos energía en la cámara del molinete del ancla.
1352 — Comenzamos a achicar con más bombas.
1400 — Se detuvo el bombeo de aceite y agua de los compartimientos. Terminó el traslado de las bajas.
1436 — Continúa el trabajo en los compartimientos inundados. Nos enfrentamos de nuevo a una alerta roja. Bombarderos enemigos se aproximan otra vez a la zona.
1441 — Alerta roja.
1600 — Un buzo descendió para inspeccionar el casco.
1610 — El buzo informa de aberturas de 50 pies de longitud a ambos lados de la quilla.
1757½ — Levada el ancla.
Si deseas saber más, visita la exposición digital Battle Voices, del Ships of the Sea Maritime Museum, que reproduce en sus distintas secciones extractos del General Quarters Narrative del USS Savannah del 11 de septiembre de 1943.
El registro comunicaba daños y decisiones con la brevedad necesaria durante una emergencia. En el castillo de proa, esas anotaciones adquirían otra forma. Richard Sharron, ayudante de farmacia de 2.ª clase y miembro del personal sanitario del crucero, escribió seis días después sobre lo que había visto y atendido:
Podíamos ver dos formaciones de Spitfire y P-38 que volaban muy alto y a gran velocidad en persecución de dos bombarderos alemanes, identificados después como Dornier 209. El vigía informó que uno parecía haber sido alcanzado y que caía hacia el buque.
Eso era un error, porque a las 0944 se produjo una explosión tremenda en la parte de proa, seguida dos minutos después por otra explosión. Desde donde yo estaba, al principio solo podía verse una densa nube de humo verde que envolvía la superestructura de proa.
Al principio pensé que había sido un impacto cercano y fui de inmediato por mis botiquines para dirigirme hacia proa. Sin embargo, durante unos diez minutos estuve ocupado atendiendo a varios hombres de los montacargas, gravemente quemados, que habían logrado subir desde abajo. Nadie sabe cómo escaparon.
…
Cuando llegué a la torre n.º 3, vi que la bomba había impactado directamente en el centro y la había atravesado por completo.
Durante las seis horas siguientes, otro ayudante de farmacia —que, por cierto, había escapado de la zona de la enfermería— y yo trabajamos en la parte de proa intentando reanimar a los hombres de la torre n.º 2, la mayoría de los cuales se había asfixiado con el denso humo de la pólvora.
Todos los demás sanitarios, incluido nuestro oficial médico subalterno, que aún seguían con vida, estuvieron ocupados atendiendo a los heridos.
Uno de nuestros sanitarios, destinado a un equipo de reparación de proa, fue vencido por el humo espeso en la torre n.º 2 mientras participaba en el rescate y murió pocos minutos después de que lo sacaran.
…
Una cosa notable del desastre fue la ayuda inmediata que recibimos de todas las embarcaciones que nos rodeaban, pese al posible peligro para ellas mismas. Pequeñas lanchas Higgins permanecieron a la espera, listas para recoger supervivientes si teníamos que abandonar el buque. Los remolcadores de salvamento acudieron de inmediato.
Unas cuatro horas después del impacto recibimos la noticia de que el buque podría ponerse en marcha a las 1800 y dirigirse a la isla de Malta para reparaciones de emergencia. Una tripulación muy nerviosa, aunque no lo demostrara en aquel momento, esperaba con ansiedad que llegara esa hora.
Estábamos temporalmente inutilizados, sin capacidad de maniobra y sin control antiaéreo ni munición, salvo unos cuantos proyectiles en las cajas de servicio inmediato.
Tuvimos unas seis alertas rojas mientras esperábamos para hacernos a la mar, pero gracias a la excelente cobertura de caza que recibimos, no sufrimos más daños. Durante un rato estuvimos realmente preocupados y asustados por el estado en que nos encontrábamos…
Las palabras más dulces que cualquiera de nosotros había oído en mucho tiempo llegaron cuando, a las 1800, anunciaron por los altavoces: “Establezcan el dispositivo especial de salida a la mar; hagan todos los preparativos para ponerse en marcha y levar el ancla”.
Si deseas saber más, visita la exposición digital Battle Voices, del Ships of the Sea Maritime Museum, que reproduce en sus distintas secciones la carta escrita por Richard Sharron el 17 de septiembre de 1943.
Sharron conservó en su carta la identificación “Dornier 209”. Los aparatos que emplearon las bombas guiadas sobre Salerno eran Dornier Do 217. La Fritz X tampoco era un cohete, sino una bomba planeadora perforante guiada por radio. Su apariencia durante el descenso llevó a algunos testigos a describirla como un arma de tipo cohete.
Mientras Sharron atendía a los hombres que lograban salir de las torres y compartimientos de proa, cuatro radiotelegrafistas permanecían encerrados en la cámara de radio de emergencia n.º 3, situada bajo las cubiertas. Eran Robert J. Garmy, Joseph Costa, Charles J. Clark Jr. y James H. Lowes.
Garmy, radiotelegrafista de 1.ª clase, asumió la dirección del pequeño grupo. Sus palabras directas fueron recogidas pocas semanas después:
Sabíamos que estábamos atrapados y nos quedamos allí de pie durante dos o tres minutos, tratando de hacernos una idea de la situación. Cuánto deseábamos tener una escotilla de escape.
…
Algún tiempo después, quizá diez minutos, volvieron a comunicarse y dijeron que nuestro oficial de división había ordenado que saliéramos. Le dijimos al puente de señales, medio en broma, porque sabíamos que estábamos atrapados, que le preguntaran al teniente Guido R. Gores cómo se suponía que debíamos hacerlo.
Les expliqué a los muchachos cómo estaban las cosas y sometimos a una especie de votación la posibilidad de abrirnos paso hacia el compartimiento exterior. No sabíamos que el compartimiento de los infantes de marina estaba inundado.
…
Hice que todos permanecieran agachados sobre la cubierta. Los muchachos querían hablar, pero les hice evitar moverse. Teníamos dos literas; uno de nosotros ocupó una, dos se tendieron en la otra y el cuarto se sentó en una silla. Descubrí que teníamos unas cinco barras de caramelo.
…
Sabíamos que muchos otros no habían tenido una oportunidad como aquella. Nuestros compañeros nos hablaban de los cuerpos que estaban sacando y de los compartimientos que se habían inundado, y comprendimos que teníamos mucha suerte de seguir vivos.
Si deseas saber más, visita la exposición digital Battle Voices, del Ships of the Sea Maritime Museum, sección “How Four Cheated Death in Ocean Tomb”, artículo de F. R. Kent Jr. publicado por The Stars and Stripes Weekly el 9 de octubre de 1943.
Poco antes de las seis de la tarde, el Savannah levó el ancla y comenzó a alejarse de Salerno por sus propios medios. Había recuperado el gobierno desde popa, parte de la energía y la capacidad de achicar los compartimientos inundados. Bajo la línea de flotación, el casco permanecía abierto a ambos lados de la quilla.
En las cubiertas de proa, los sanitarios habían atendido a quienes pudieron ser rescatados. Más abajo, Garmy y sus tres compañeros seguían encerrados, midiendo sus posibilidades mediante los teléfonos, el aire disponible, dos literas y cinco barras de caramelo.
El 11 de septiembre terminó sin que el Savannah se hundiera, pero no con el episodio resuelto. Mientras la batalla continuaba en tierra, el crucero llevaba hacia Malta a sus muertos, a sus heridos y a cuatro hombres que todavía esperaban que alguien pudiera abrir un camino hasta ellos.

Tripulantes del USS Savannah combaten el incendio en la torre n.º 3 tras el impacto. Las balsas salvavidas permanecen sobre la torre y, junto a la torre n.º 2, varios hombres han sido tendidos en la cubierta. (Foto: Marina de los Estados Unidos, National Archives, 80-G-54357).

Sanitarios de la Marina estadounidense atienden a las bajas en el castillo de proa del USS Savannah después del impacto sobre la torre n.º 3. Su trabajo quedó descrito seis días después por Richard Sharron, ayudante de farmacia de 2.ª clase. (Foto: Marina de los Estados Unidos, National Archives, 80-G-54355).

El orificio de entrada de la bomba guiada en el techo de la torre n.º 3 durante las reparaciones iniciales del Savannah frente a Salerno. Una de las balsas salvavidas quedó cortada por el proyectil; al fondo se encuentra la torre n.º 2. (Foto: Marina de los Estados Unidos / Naval History and Heritage Command, NH 97959).

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