Montevideo empieza a medir el tiempo del Graf Spee

En una imagen tomada el 15 de diciembre de 1939, de izquierda a derecha: el capitán Dietrich Niebuhr, agregado naval alemán en Buenos Aires; Otto Langmann (con traje negro), ministro nazi en Uruguay; el capitán de navío Hans W. Langsdorff, con la mano herida en su uniforme; y el teniente de navío Kurt Diggins en Montevideo, Uruguay.
Montevideo contemplaba el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee anclado en sus aguas, herido tras la batalla del Río de la Plata. Hubo funerales, inspecciones y versiones enfrentadas sobre el combate. Hoy, 15 de diciembre de 1939, la crisis deja de ser solo naval. El puerto sigue albergando al buque alemán, pero ahora el problema pasa por el tiempo, la ley y la decisión de Uruguay. Y en el centro de ese día aparece una figura que, desde ahora, será imposible ignorar: el canciller uruguayo Alberto Guani.
Un telegrama diplomático enviado desde Montevideo al Secretario de Estado de los Estados Unidos por parte de Edwin C. Wilson, el ministro estadounidense en Uruguay, muestra a Guani ya bajo una fuerte presión, tratando de obtener del representante alemán una respuesta clara sobre el destino inmediato del Graf Spee:
Guani me hizo llamar a las nueve en punto. Dijo que había pasado tres horas esa tarde hablando con el ministro alemán. Había tratado de obtener del ministro una declaración de que el Graf Spee respetaría la ley uruguaya y, o bien, saldría antes de las ocho de la noche del día siguiente, o bien sería internado. El ministro se negó a comprometerse y sostuvo que se necesitaba más tiempo para las reparaciones.
Guani había ofrecido proponer, bajo su propia responsabilidad, al presidente del Uruguay que la comisión de expertos navales reexaminara la cuestión, pero con la condición de que el Gobierno alemán diera previamente seguridades de que aceptaría las conclusiones de la comisión y actuaría en consecuencia. El ministro alemán también se negó a comprometerse al respecto. Guani dijo que estaba convencido de que si para las ocho de la noche del día siguiente el Graf Spee no había encontrado oportunidad de escabullirse, resistiría el internamiento.
Dijo que, mientras era golpeado por un lado por los alemanes, sufría por el otro una presión constante de los británicos.
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Así se abría el 15 de diciembre en Montevideo: Alemania pedía tiempo, Gran Bretaña presionaba para que no se concediera, y Uruguay quedaba entre ambos, con un canciller tratando de sostener la neutralidad uruguaya ante dos presiones opuestas y con un buque alemán cuyo tiempo en puerto empezaba a agotarse. La cuestión ya no era sólo qué daños había sufrido el Graf Spee, sino si debía salir, internarse o ganar unas horas más.
La ley bajo la que se discutía el caso decía:
En los puertos y radas neutrales, los buques de guerra beligerantes solo podrán efectuar las reparaciones absolutamente indispensables para hacerse a la mar y no podrán aumentar en modo alguno su fuerza militar. Las autoridades locales del Estado neutral decidirán qué reparaciones son necesarias y estas deberán llevarse a cabo con la menor demora posible.
Los buques de guerra beligerantes solo podrán aprovisionarse en puertos neutrales hasta completar sus existencias al nivel de paz. Del mismo modo, solo podrán embarcar combustible suficiente para permitirles llegar al puerto más cercano de su propio país.
Si, no obstante la notificación del Poder neutral, un buque de guerra beligerante no abandona un puerto en el que no tiene derecho a permanecer, el Poder neutral tiene derecho a tomar las medidas que considere necesarias para impedir que el buque pueda hacerse a la mar durante la guerra… Cuando un buque beligerante es detenido por un Poder neutral, sus oficiales y su tripulación son igualmente detenidos.
...
Un buque de guerra beligerante no podrá abandonar un puerto neutral hasta veinticuatro horas después de la salida de un buque mercante que enarbole el pabellón de su adversario.
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Aplicada al Graf Spee, esa ley hacía que cada hora en Montevideo pesara cada vez más. Ya no se trataba solo de reparar el buque, sino de decidir qué tipo de reparación podía tolerarse, cuánto combustible podía embarcar, cuánto tiempo podía quedarse y qué ocurriría si se negaba a salir. El puerto empezaba también a decirlo en voz alta.
Una nota de la jornada lo resumía así:
Nada definitivo se ha decidido sobre cuánto tiempo se permitirá al acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee permanecer en Montevideo.
Buque navegable, pero incapaz de emplear sus cañones de 11 pulgadas.
Los obreros no ayudarán.
Y al desarrollar el cuadro añadía:
El Admiral Graf Spee estaba dispuesto a reparar sus daños con su propia tripulación, después de que los obreros del puerto se negaran a trabajar para cualquier empresa que aceptara el contrato. Mientras se esperaba la decisión del Gobierno respecto al tiempo que se permitiría al buque permanecer en puerto, el Admiral Graf Spee cargó una gran cantidad de tanques de soldadura, planchas pesadas y otros metales.
El agregado naval alemán en Buenos Aires examinó el Admiral Graf Spee. Otra inspección fue realizada por expertos uruguayos, tras la cual el corresponsal de United Press informó que se había determinado que el buque era navegable, aunque la torre de control de sus seis cañones de 11 pulgadas estaba destruida. Esto significaba que si el buque se hacía inmediatamente a la mar, solo podría emplear su batería secundaria, los cañones de 5,9 pulgadas.
Mientras Montevideo discutía plazos, reparaciones y neutralidad, la presión británica seguía creciendo fuera del puerto. Un informe de la jornada lo planteaba así:
Círculos diplomáticos británicos han confirmado el informe de que el crucero Cumberland ya se ha unido a la guardia que espera al Admiral Graf Spee. Se añadió que muy probablemente el crucero de batalla Renown y el portaaviones Ark Royal están en camino.
Si deseas saber más, visita Trove, que cuenta con la colaboración de la National Library of Australia [Biblioteca Nacional de Australia].
Al final, el canciller Guani emitió la resolución definitiva que obligó al acorazado Admiral Graf Spee a abandonar Montevideo. Este decreto fue la culminación de un tenso enfrentamiento técnico y diplomático.
Si bien a menudo se le denomina "decreto de 72 horas", el texto formal fue una resolución ministerial basada en las conclusiones de una comisión naval.
El texto principal de la resolución firmada por Alberto Guani y el presidente Alfredo Baldomir el 15 de diciembre de 1939 señala:
El Poder Ejecutivo resuelve:
Establecer un plazo de setenta y dos horas, que expirará el 17 de diciembre a las 20:00 horas, para que el acorazado Admiral Graf Spee finalice las reparaciones estrictamente necesarias para restaurar su navegabilidad y abandone el puerto de Montevideo.
Advertir al Comandante del buque que, si este plazo expira sin que el buque haya zarpado, será internado, junto con su tripulación, durante el resto de la guerra, de conformidad con los convenios internacionales vigentes.
Si deseas saber más, visita el Archivo Histórico-Diplomático del Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay.
De ese modo, el Graf Spee quedaba tendido entre dos fuerzas: dentro de Montevideo, la ley, las horas y la decisión uruguaya; fuera del puerto, la vigilancia británica y la amenaza de un nuevo combate. El refugio del día anterior empezaba a parecer cada vez menos un refugio.
Así transcurre el segundo acto de la historia de la batalla del Río de la Plata: el Graf Spee sigue en Montevideo, pero ya no está resguardado, sino medido. Guani intenta sostener la neutralidad uruguaya ante presiones contrapuestas. La ley fija límites precisos a las reparaciones, al combustible y a la permanencia. El puerto espera. Y afuera, los británicos vigilan.
Pronto se sabrá si el tiempo del Graf Spee se alarga o se agota, o si el buque empieza a quedarse sin otra salida que el mar.

Alberto Guani Carrara, canciller uruguayo durante los eventos en torno al acorazado alemán Graf Spee, en una fotografía tomada cuando era vicepresidente de Uruguay. En diciembre de 1939, Guani quedó en el centro de la crisis del Graf Spee, obligado a sostener la neutralidad de Uruguay ante la presión de Alemania y del Reino Unido.

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