La amenaza que no había desaparecido

Adolf Hitler y el mariscal de campo Fedor von Bock durante su encuentro en el cuartel general Wolfsschanze, el 18 de enero de 1942. En su diario, Bock anotó ese día que Hitler consideraba eliminada la “amenaza estratégica” y que había sido fotografiado conversando con él para la prensa. (National Digital Archives, Poland, vía Hitler Archive).
El 18 de enero de 1942, el frente oriental seguía marcado por la contraofensiva soviética de invierno. Las fuerzas alemanas trataban de sostener sus posiciones, reorganizar unidades agotadas y mantener unas comunicaciones condicionadas por el frío, la nieve y las enormes distancias.
En el sur, la jornada ofrecía señales contradictorias. En Crimea, el 11.º Ejército alemán progresaba en su contraataque sobre Feodosia. Más al norte, en el Donets y alrededor de Izyum, comenzaba una nueva presión soviética contra los sectores de los Ejércitos 17.º y 6.º. El éxito local en Crimea coincidía así con la apertura de una nueva crisis más al norte.
El Grupo de Ejércitos Sur atravesaba, además, un cambio de mando. Walter von Reichenau había sufrido un derrame cerebral y murió el 17 de enero durante su traslado a Alemania. Fedor von Bock, apartado del mando del Grupo de Ejércitos Centro apenas un mes antes, fue llamado para sustituirlo.
Antes de dirigirse a Poltava, sede del cuartel general del Grupo de Ejércitos Sur, Bock se presentó ante Hitler en Prusia Oriental. Allí, el 18 de enero, recibió instrucciones para su nuevo cometido. Su diario conserva la conversación y, al día siguiente, lo que encontró al llegar a Poltava:
18/1/42
En Jägerhöhe, cerca de Angerburg, me enteré de que Reichenau había muerto [17 de enero de 1942]. Me presenté ante el Führer; me puso al corriente de la situación, especialmente en lo relativo al Grupo de Ejércitos Sur. Considera eliminada la amenaza estratégica, aunque todavía queda mucho por resolver. Considera “resuelta” la cuestión del Grupo de Ejércitos Sur. El grupo de ejércitos primero debe mantenerse; en primavera deberá atacar.
El Führer sabe lo mala que es la situación ferroviaria y que constituye una fuente de grandes dificultades. No pude sino respaldar su postura al respecto. Ahora ha concentrado la dirección de todos los ferrocarriles, incluso en los territorios ocupados, en manos del ministro de Ferrocarriles [Dorpmüller].
El Führer habló con optimismo sobre la situación mundial. Considera evidente y decisiva la amenaza de que Inglaterra pierda sus principales fuentes de petróleo. —Aparte del Führer, solo estuvieron presentes militares en el desayuno posterior.— Leeb, comandante en jefe del Grupo de Ejércitos Norte, se ha marchado a casa por petición propia. Schmundt dijo que [Leeb] no cree poder hacer frente a las crisis que le traerán sus próximos cometidos.
Schmundt sabe que los numerosos cambios en los altos puestos de mando están dando pie a habladurías en el país y en el extranjero. Intentarán contenerlas. Así, los periódicos publicarán un telegrama cordial del Führer junto con la noticia de las operaciones quirúrgicas de Brauchitsch; Rundstedt representará al Führer en el funeral de Reichenau; el Führer ha sido fotografiado conversando conmigo para los periódicos, y así sucesivamente.
19/1/42
En tres horas y veinte minutos cubrí por aire los 1.050 kilómetros desde Rastenburg hasta Poltava [cuartel general del Grupo de Ejércitos Sur]. Hoth [17.º Ejército], que por el momento dirige el grupo de ejércitos, vino a recogerme al aeropuerto. Está muy preocupado.
Ayer, poderosas fuerzas enemigas pasaron a la ofensiva frente a las alas interiores de los Ejércitos 17.º y 6.º y penetraron profundamente en las líneas alemanas en varios lugares. El enemigo también atacó al 2.º Ejército. Por el momento, las únicas reservas disponibles son dos tercios de la 73.ª División [Bünau], detrás del ala sur del 1.er Ejército Panzer, y elementos de la 88.ª División [Gollwitzer], que está llegando a Kursk en una sucesión muy lenta de trenes. La gran mezcla de unidades es evidente en casi todos los ejércitos. En Crimea, el 11.º Ejército [Manstein] recuperó Feodosia, perdida en diciembre.
Si deseas saber más, lee Generalfeldmarschall Fedor von Bock: The War Diary 1939-1945 [Mariscal de campo Fedor von Bock: diario de guerra 1939–1945], editado por Klaus Gerbet y traducido al inglés por David Johnston.
La referencia de Bock a lo sucedido “ayer” encuentra una confirmación inmediata en las anotaciones de Franz Halder, jefe del Estado Mayor General del Ejército. El mismo 18 de enero, mientras registraba los progresos alemanes en Crimea, Halder dejó constancia de lo que comenzaba a ocurrir en el sector del Grupo de Ejércitos Sur.
En Feodosia, buenos progresos. Ha comenzado el ataque contra el ala izquierda del 17.º Ejército y contra el 6.º Ejército, también cerca de Bélgorod.
…
Al mediodía con el Führer. El mariscal de campo von Bock está presente y recibe instrucciones para su cometido (como nuevo comandante en jefe del Grupo de Ejércitos Sur).
Si deseas saber más, consulta el Kriegstagebuch des Oberkommandos der Wehrmacht (Wehrmachtführungsstab) 1940–1945, Band II, compilado y comentado por Andreas Hillgruber; la anotación del 18 de enero se reproduce allí entre las notas de Franz Halder.
En el frente del Donets, durante aquel invierno, la guerra tenía una escala muy distinta de la que reflejaban los diarios del alto mando. En sus desplazamientos por el sector, Vasili Grossman, corresponsal de Krasnaya Zvezda, anotó escenas de los caminos por donde avanzaban las tropas soviéticas:
Helada intensa. La nieve cruje. El aire helado corta la respiración. El interior de las fosas nasales se pega y los dientes duelen por el frío. Alemanes muertos por congelación yacen en los caminos de nuestro avance. Sus cuerpos están completamente intactos. No los matamos nosotros; fue el frío.
Unos bromistas colocan a los alemanes congelados de pie o apoyados sobre las manos y las rodillas, formando intrincados y fantasiosos grupos escultóricos. Alemanes congelados permanecen con los puños levantados o con los dedos muy abiertos. Algunos parecen estar corriendo, con la cabeza hundida entre los hombros. Llevan botas rotas, delgados shineli [capotes] y camisetas interiores de papel que no conservan el calor.
Por la noche, bajo la luna brillante, los campos de nieve parecen azules y los cuerpos oscuros de los soldados alemanes congelados permanecen sobre la nieve azul, colocados allí por los bromistas.
Otra vez, alemanes congelados de pie. Uno de ellos está en ropa interior, con un jersey de papel.
En un pueblo que acaba de ser liberado hay cinco alemanes muertos y un soldado del Ejército Rojo muerto, tendidos en la plaza. La plaza está vacía; no hay nadie a quien preguntar qué ha ocurrido, pero no hace falta para reconstruir todo el drama. Uno de los alemanes murió a bayonetazos, otro por un golpe con la culata de un fusil, un tercero a bayonetazos y otros dos fueron abatidos a tiros. Y el soldado que los mató a todos recibió un disparo por la espalda.
Si deseas saber más, lee A Writer at War: Vasily Grossman with the Red Army, 1941–1945 [Un escritor en guerra: Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941–1945], de Vasili Grossman, editado por Antony Beevor y Luba Vinogradova.
En esos desplazamientos, Grossman anotó también escenas alejadas del combate inmediato. Una de ellas transcurrió en un tren civil.
Cambiamos a un tren ordinario [civil]. Está muy lleno.
El revisor le dice a un hombre con abrigo negro:
—Ceda su asiento a estos soldados. Hoy están aquí, en el tren, y mañana quizá estén muertos.
Un soldado uzbeko canta en voz alta en uzbeko. Todo el vagón puede oírlo. Los sonidos parecen absurdos a nuestros oídos y las palabras nos son desconocidas. Los soldados del Ejército Rojo lo escuchan atentamente, con una expresión afectuosa y cohibida. No hay ni una mueca ni una sonrisa.
Si deseas saber más, lee A Writer at War: Vasily Grossman with the Red Army, 1941–1945 [Un escritor en guerra: Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941–1945], de Vasili Grossman, editado por Antony Beevor y Luba Vinogradova.
En las notas de Grossman, aquellos días permanecen en el aire que hacía doler los dientes, en las botas incapaces de proteger del frío, en los cuerpos inmóviles junto a los caminos y en las huellas recientes del combate sobre los pueblos por donde avanzaban las tropas.
Entre esas imágenes quedó también aquel vagón lleno de soldados, mientras un hombre cantaba en uzbeko y sus compañeros lo escuchaban en silencio. Por unos minutos, antes de que cada uno continuara hacia su destino, la guerra pareció reducirse a algo tan sencillo como ceder un asiento, escuchar una canción y saber que el día siguiente no estaba asegurado.
El 18 de enero, lejos de aquel tren y de los caminos del Donets, Hitler había dado por eliminada una amenaza estratégica. Sobre la nieve, la guerra todavía no había terminado de pronunciar su respuesta.

Walter von Reichenau en 1941. El 18 de enero de 1942, el Bundesarchiv difundió esta fotografía al anunciar que el mariscal había muerto durante su traslado a Alemania después de sufrir un derrame cerebral. Hitler ordenó un funeral de Estado. (Bundesarchiv, Bild 183-B05284 / CC BY-SA 3.0 DE).

Vasili Grossman en una fotografía publicada por la revista Ogonyok en 1941. Durante la guerra fue corresponsal de Krasnaya Zvezda y recorrió distintos sectores del Frente Oriental junto al Ejército Rojo. Imagen restaurada digitalmente a partir de la fotografía original. (Ogonyok, 1941, n.º 9; dominio público, vía Wikimedia Commons).

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