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El contralmirante Harry W. Hill —abajo a la izquierda— y su Estado Mayor observan el bombardeo previo a la invasión desde el USS Maryland. El Maryland, superviviente de Pearl Harbor, empleó sus cañones principales de 16 pulgadas contra las posiciones japonesas en Betio. A pesar del intenso bombardeo, muchos defensores sobrevivieron en refugios fortificados y volvieron a ocupar sus posiciones cuando comenzó el desembarco.

En noviembre de 1943, la guerra del Pacífico entró en una nueva fase. Tras las campañas de Guadalcanal y Nueva Georgia, Estados Unidos comenzó a avanzar por el Pacífico Central, donde cada atolón capturado podía convertirse en una base aérea o naval para acercarse al perímetro defensivo japonés. El siguiente objetivo era el grupo de las Islas Gilbert, dentro de la Operación Galvanic. Allí, el pequeño islote de Betio, en el atolón de Tarawa, se convertiría en una de las pruebas más sangrientas de la guerra anfibia estadounidense.

Betio era diminuto, pero estaba fuertemente fortificado. Los japoneses habían construido blocaos, nidos de ametralladora, posiciones de artillería, obstáculos de playa y defensas interconectadas. Los planificadores estadounidenses confiaban en que el bombardeo aéreo y naval previo aplastaría buena parte de esas defensas antes del desembarco. Durante los días anteriores y la mañana del 20 de noviembre de 1943, aviones y buques de guerra castigaron la isla con miles de toneladas de explosivos. Sin embargo, muchos defensores sobrevivieron en refugios bien construidos y volvieron a ocupar sus posiciones cuando cesó el fuego.

El plan de desembarco dependía de que la marea permitiera a las lanchas Higgins cruzar el arrecife que rodeaba Betio. Pero aquella mañana el agua no subió lo suficiente. Los LVT anfibios —los Alligators— pudieron avanzar sobre el arrecife, aunque bajo fuego intenso; muchas lanchas convencionales quedaron varadas a cientos de metros de la playa. Los Marines tuvieron que bajar al agua y avanzar hacia la costa bajo fuego de ametralladoras, morteros y cañones japoneses.

La situación se volvió caótica casi desde el principio. Algunas unidades llegaron a la playa en pequeños grupos; otras quedaron atrapadas en el arrecife o buscaron refugio junto al largo muelle. Las comunicaciones eran confusas; las bajas aumentaban y, durante varias horas, no estaba claro si la cabeza de playa podría sostenerse. A las 09:59, el mayor Schoettel informó que recibían fuego intenso a lo largo de toda la playa y que el resultado estaba en duda. A las 10:07 añadió que las lanchas estaban detenidas en el arrecife y que las tropas recibían fuego mientras avanzaban por el agua. Minutos después, cuando se preguntó por nuevas fuerzas para desembarcar, la respuesta fue brutal: “No tenemos nada más que desembarcar”.

En medio de aquel desastre inicial, el coronel David M. Shoup, comandante del 2º Regimiento de Marines, logró llegar al área del muelle y asumió la coordinación de las fuerzas que habían alcanzado la costa. Poco después de desembarcar, fue sacudido por la explosión de un proyectil enemigo y sufrió una herida dolorosa en la pierna, pero continuó dirigiendo la batalla bajo fuego de artillería, ametralladoras y fusilería. Desde una posición precaria, intentó reorganizar las unidades dispersas, reforzar las playas y mantener viva una cabeza de playa que durante horas pareció al borde del colapso.

Por sus acciones en Betio, entre el 20 y el 22 de noviembre de 1943, Shoup recibiría la Medalla de Honor. Su citación oficial describió así esos tres días de combate… Ver Más

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