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Un soldado británico lee sobre Sicilia, el objetivo para la próxima invasión aliada, en ju

Un soldado británico lee sobre Sicilia, el objetivo de la próxima invasión aliada, en julio de 1943.

Una de las mayores fuerzas anfibias reunidas hasta entonces ya avanzaba por el Mediterráneo. Desde los puertos del norte de África, desde Malta y desde convoyes que venían de más lejos, miles de hombres, vehículos, cañones, lanchas, transportes y buques de escolta se movían hacia una isla cuyo nombre todavía no todos conocían con certeza.

Sicilia era el siguiente paso lógico tras la victoria aliada en Túnez, pero en los días previos al desembarco todavía no era una batalla visible. Era una operación contenida en mapas, órdenes, instrucciones parciales, señales navales, listas de carga y rutas protegidas. La invasión aún no había llegado a las playas; por ahora, era una inmensa maquinaria en movimiento.

Para muchos de los hombres embarcados, el peligro no estaba aún en la costa siciliana, sino en el mar. Los convoyes debían cruzar aguas en las que los submarinos alemanes seguían siendo una amenaza real. El secreto, la espera y la monotonía podían romperse en cualquier momento con una explosión a babor o a estribor.

En África del Norte, el teniente Derek Whitehorn sirvió como maestre de playa dentro de las fuerzas de comandos navales. Su recuerdo conserva el momento anterior al combate: las instrucciones, el peso de la tarea y la conciencia de que, cuando llegara la hora, el trabajo de los comandos navales sería decisivo para sostener el desembarco desde la orilla... Ver Más

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