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Algunos de los miembros del personal de Treblinka - Bredow, Mentz, Möller y Hirtreiter..jp

Algunos miembros del personal alemán de Treblinka, fotografiados en el llamado zoológico del campo: de izquierda a derecha, Paul Bredow, Willi Mentz, Max Möller y Josef Hirtreiter. La imagen sitúa al lector ante el aparato de perpetradores que vigiló y administró Treblinka II. (Foto: autor desconocido; Treblinka Museum / National Archives and Records; vía Wikimedia Commons; dominio público).

Para comienzos de agosto de 1943, Treblinka II llevaba más de un año funcionando como uno de los centros de exterminio de Aktion Reinhard. La mayor parte de las víctimas llegaba en tren, era empujada hacia las cámaras de gas y desaparecía en una maquinaria diseñada para matar con rapidez, borrar rastros y dejar el menor número posible de testigos.

Dentro del recinto, algunos prisioneros seguían con vida porque los alemanes necesitaban su trabajo. Sus vidas, sin embargo, no tenían ningún valor para sus carceleros y podían terminar en cualquier momento: por una orden, un capricho o una sospecha de cualquiera de los guardias. Estos prisioneros separaban ropa, recogían objetos, cortaban cabello, extraían oro dental, trasladaban cuerpos, alimentaban fuegos, limpiaban, clasificaban, obedecían. Eran obligados a sostener, día tras día, el mecanismo que también estaba destinado a devorarlos.

Pero aquella aparente rutina tenía grietas. Entre los prisioneros circulaban mensajes, planes, fechas posibles, dudas, miedo y una urgencia cada vez mayor. Cada nuevo transporte significaba más trabajo, más cadáveres, más ceniza y menos tiempo. En Treblinka, esperar también podía ser una forma de morir.

Chil Rajchman escribió desde la memoria de un superviviente, no desde la distancia de un historiador. Su relato conserva la urgencia, la confusión y el lenguaje moral de quien escapó de un centro de exterminio en plena revuelta. Por eso, expresiones como “asesinos” o “ucranianos” deben leerse como parte de su voz testimonial; en el contexto histórico, muchos de esos guardias eran auxiliares entrenados en Trawniki, reclutados entre antiguos prisioneros soviéticos o civiles del Este europeo.

Rajchman era uno de los pocos que sabía que algo se preparaba, y uno de los todavía más escasos sobrevivientes que logró escapar y dejar testimonio de lo ocurrido… Ver Más

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