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Un Tiger I de la Waffen SS en acción en Kursk en julio de 1943..jpg

Tiger I alemán durante la batalla de Kursk, julio de 1943. Los carros pesados fueron concentrados por el mando alemán para intentar romper las defensas soviéticas durante la Operación Ciudadela.

Para el 8 de julio de 1943, la Operación Ciudadela ya había perdido parte de la claridad con la que había sido concebida en los mapas alemanes. En el sector norte del saliente de Kursk, las fuerzas de Model intentaban abrirse paso entre posiciones soviéticas preparadas durante meses: campos de minas, cañones antitanque, artillería, carros enterrados y reservas listas para cerrar cualquier brecha.

La batalla no avanzaba como una ruptura limpia, sino como una sucesión de empujes locales. Alrededor de Ponyri, Olkhovatka y Teploje, cada colina, cada barranco y cada aldea podía absorber una compañía entera antes de que el siguiente grupo recibiera la orden de avanzar. La Luftwaffe seguía atacando desde el aire, pero el efecto psicológico de los bombardeos ya no garantizaba el colapso de las defensas soviéticas.

Ese día entró en combate el Panzer-Regiment 35. Reinhard Peters, joven teniente y jefe de pelotón, dejó una memoria de aquella jornada vista desde el interior de la ofensiva alemana: la seguridad inicial tras el bombardeo, el fuego inesperado al salir de los barrancos, la aparición de los Tiger, el uso fallido de los Goliath y la sensación de que el reloj marcaba aún la mañana cuando el campo de batalla parecía llevar un día entero ardiendo.

El fragmento que sigue conserva esa mirada desde dentro del ataque… Ver Más

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